lunes, octubre 24, 2005

Miguel Hernández nos presenta a Pablo Neruda.

EL SOLITARIO POETA
El hombre anda solo por el mundo; pero en general no lo sabe. Se da cuenta de la infinita soledad del hombre que además de hombre es poeta. Para él están reservadas desde el principio las terribles tempestades de la soledad. Pablo Neruda, el solitario poeta, se sabe profundamente solo y se queja de sus soledad, que aumentan los muertos con su silencio y los vivos con su trato. Esa queja de su soledad está manifiesta en toda su poesía de insatisfecho, tremendo y desengañado sensualismo. Su voz pasional, desolada, tierna y lúgubre siempre, es a veces sorda y mansa como la de un tambor apaleado lleno de tierra, y a veces, furiosa y fatal como la del hacha. Parece estar rodeada de desiertos, mares y crepúsculos lluviosos.
"SUCEDE QUE ME CANSO DE SER HOMBRE.
SUCEDE QUE ME CANSO DE MIS PIES Y DE MIS UÑAS
Y MI PELO Y MI SOMBRA.
SUCEDE QUE ME CANSO DE SER HOMBRE"
PABLO NERUDA
Miguel Hernández

1 comentario:

Patricia dijo...

Preciosa descripción del poeta Chileno!, vaya Carlos me encanta entrar a tu página y descubrir todo esto, muchas gracias!!!

No sé si viene al caso o no, pero el otro día leí una poesía sobre la soledad y me acordé de tu blog y de tí, asi que nuevamente te dejo un gran poema, ahí va:

Cómo llenarte, soledad
Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.


Luis Cernuda - Poemas del Alma