martes, julio 25, 2006

La rebelión de los textos

Pablo se piensa con un futuro de aguijones. Ya no hace apuestas, le sobra con perderlas. Hoy tiene déficit de abrazos. El pan duro que ayer engullía se le atraganta. Lo suyo era una vida en preterito perfecto pero terminó por ser una mera desinencia mal conjugada.


Sorbe café por docenas, sabe lo que es fallar de una sola tirada dos veces a los dados. Pablo se durmió mirando tu ventana y despertó abrazado a otras farolas, ahora intuye otros mundos en otras sonrisas. Pablo dormía en una mentira, pero las grietas terminaron por partirla en migajas.
En una noche con luna como un cortado con hielo observa a la camarera de un bar y suspira, suspira por que no supo anochecer antes de las doce. Ella se ha convertido en una obsesión, le mantiene despierto, más allá de la cafeína que ingesta por mirarla. Las barras de bar son buenos lugares para empezar de nuevo. Un borracho sólo es un mal borracho cuando no sueña.


Ahora Pablo se sienta en una silla frente a sus letras. Se cobija en la tinta china de una pluma estilográfica. Ahí es donde Pablo se hace fuerte. Arrancándose las telarañas con un seudónimo. Desde sus sombras, Pablo ha roto el cristal de tu ventana y ha escrito poemas de amor y ensayado un acento ficticio para sorprender a su camarera. El desdoblamiento de personalidad es un refugio en el que salvar su amor,su amor propio o su amor ajeno.

viernes, julio 21, 2006

Con el agua a favor, la vida en contra


Ernesto, nomenclatura de guerrilla, nació salmón. Apartando gota a gota las olas del mar. Se dirigía al origen, sin caminar por la orilla, remontando derrotas antes del fin. Sin hundir la cabeza ningún momento, respira por las branquias de la esperanza. Esa que le hace pensar que el mundo no es tan infinito.
El oxígeno no es necesario cuando se come amor y la Luna no se pone en los días claros. Ernesto ama más allá de tiempos verbales a un par femenino. No se siente tan solo entre el líquido cuando ella bracea a su lado. Incluso a veces se permiten aislarse del agua y, entre las rocas, se entregan al calor.
Nadie les ha enseñado a librar batallas por su cuenta, y aunque Ernesto no lo entiende ahora ya son tres entre las olas. Un nuevo camino, la lucha empieza a diluirse. Abrazado a la fuerza de la corriente, se deja arrastrar por la vida, a veces mala vida. Ya no lucha por remontar el río. El agua sigue su curso y el camino es más fácil cuando no se opone a la inercia. Ernesto no le hace honor a su nombre y se arrodilla ante la adversidad, dice que no se le ha olvidado nadar pero muchos ya le han visto tragar agua.