sábado, febrero 17, 2007

Obrint Pas

Llueve y el asfalto se lava la cara, las calles son esos viejos y húmedos caminos de tierra que guardo en mi memoria. Es tarde pero no adormece mi sonrisa, el tiempo ha cerrado las heridas y ahora vivo un poco más en cada respiración. Mi ojos ya no se esconden tras una capa de agua. Una nube ha sacado la oscuridad de su trinchera. No puedo dormir, no quiero dormir, hoy he vuelto a pisar con fuerza. El único lamento es el del colchón. Me abro paso, el veneno envenena, no más gritos contra el viento. Ali antes fue Klasius. Volvió para reclamar su título mundial... he vuelto...traca al verbo odiar...

jueves, febrero 08, 2007

Mejor que salga de mi teclado a que se quede en mi cabeza

Estaba tan cansado de vivir ejerciendo de si mismo que decidió sentarse sobre una piedra a esperar otra vida. Cambió el sueño, olvidó los rituales bancarios, se cortó la corbata y fantaseó con las mujeres que pasaban. No volvió a sentir la decepción de un fracaso. Admiró el rugir de las motocicletas y el petardeo de los autobuses. Durante un tiempo no le preocuparon los vecinos, las amistades, ni los niños llorones del piso de abajo. Vivía feliz entre semáforos, asfalto y templos paganos de música y besos.
Pasó el tiempo, algunos le reclamaron, otros le dieron por perdido. Finalmente cuando los del banco le localizaron fueron a embargarle la piedra. Pasada la resaca sintió que ya nada le pertenecía, se dejo llevar, se compró una nueva corbata, pagó la luz, se casó con una vecina amiga y tuvo hijos llorones. Un día paseando vieron en el cristal de una casa de empeño una piedra, su mujer ridiculizó aquel objeto, él se limitó a reprimir las lágrimas y a apuntar la dirección.

Señal que te he perdido

Con el menor márgen de error, ni un centímetro más a la izquierda que a la derecha, el rayo tocó tierra en el único sitio dónde podía partirla. Y del suelo brotaron espinas que se enzarzaron en el pecho. Nunca lo fue del todo, al menos no siempre, y tal vez fue nunca que la felicidad anidó en los besos. La única gota de paz se escondía en el sabor a madera de un wisky barato.

Gritos, tripas y corazones rodando cuesta arriba en un mundo del revés. Las arañas se olvidaron de tejer en su rincón y la inercia de los días envejeció los sentimientos, que por viejos se envenenaron hasta retorcerse sobre algo que nunca fueron. No hubo trato, ni siquiera quedo tiempo para pagar las deudas. Cerro los puños con gesto de dolor y antes de dejarse llevar por la locura del llanto escribió sobre el baho del cristal del autobús: el amor es un perfume barato.

miércoles, febrero 07, 2007

Huecos de espíritu

La añoranza que se le toma a cuatro paredes. Absurda y necesaria, si ya olvidamos palabras como patria porque aun mencionamos mi habitación, mi clase, mi cama... tal vez las sábanas cobijen más anhelos que un puñado de tierra seca esparcido por un mapa.
Lorenzo, no tiene país pero no soporta manos ajenas sobre su almohada. Gustavo podría pasar por ciudadano de cualquier parte pero tiene el pasaporte impreso en su guitarra. O Jere, liando con una mano lo que gana con la otra, hijo del barrio, y sólo de su barrio, su calle, su gente,... Hay de los que no tienen el ancla echada pero no olvidan su mar, manso y sereno, tejiendo hilos de espuma sobre la arena.
Cada cual guarda su recuerdo, ese lugar que observar con ojos cerrados. Quizás debieramos tener apego a una lengua, un himno, una frontera y una bandera venerada. Pero tal vez por locos se nos justifica y tan sólo nos identificamos con una calle, un beso, un mar o una montaña. Sin tener más pretensión que un rincón del mundo frente a la eternidad de nuestra mirada.