jueves, agosto 16, 2007

Ilusiones

Después de esta noche ni siquiera nos llamaremos. Tu sacaste de mí lo que querías y yo he dormirdo sobre tu colchón. Hemos creído en nuestros cuerpos, nos hemos dado un baño de extrañeza. Ha estado bien, ha estado realmente bien, pero no volveremos a saber el uno del otro más allá de la marca de besos que has dejado sobre mi espalda.

Mañana cuando los labios vuelvan a perder el tacto y mis recuerdos añoren el aroma de una mujer, no serás más que una leve sonrisa, o un tímido parpadeo. Ya nos hemos dado lo necesario, ojalá que todas las noches tuvieran el mismo brillo, no siento remordimientos pero no volvermeos a llamarnos.

(Y vuelve a ser mentira. Pensaré en ti alguna noche, me tentará la idea volver a llamarte. Tenerte cerca mi media hora de deseo, usarte, usarme, usarnos sobre el suelo, sobre la cama, sobre el viejo sofá. Me encantaría guardarte en un armario, darnos nuestros veinte minutos de homenaje, desgastarnos la piel, atribuirnos los méritos propios del orgullo. )

Ha estado bien creer que estas cosas pueden pasar.

martes, agosto 14, 2007

La paciencia es una virtud urgente que consiste en caminar despacio sobre recuerdos veloces. Por eso mi paciencia ondea el humo de la desesperación y se olvida de mí en canciones que escuché cuando te velaba. El olvido es un arte que se deforma con el aliento de tus besos, con el tacto de tu olor en la ropa que olvidaste en mi cajón. Esa lluvia que tiene que llover se hace de rogar en nubes que no llevan a ningún sitio.

Y ha de diluviar sobre los caminos, sobre los portales, sobre el rincón más podrido de cada corazón, ha de llover donde nunca antes lo hizo. Y después ha de salir un sol radiante que no refleje nada más que la propia luz de otros ojos. Ha de caer la escarcha de otoño sobre los cristales de los coches que empañamos.
No hay viaje de vuelta, la paciencia y el olvido son caminos que he de andar de una u otra manera. La solución es no buscar solución. Y tal vez otro cuerpo mitigaría un poco este sabor de fracaso...

jueves, agosto 09, 2007

Los niños quieren matar al gato. Escupen sobre el suelo y blanden sus palos de caña. Tienen las piernas llenas de picotazos y algún que otro rasguño pero ni el calor ni la mugre detienen sus ansias de sangre . El más privilegiado de todos tiene una bici a la que ha puesto cartón en los rayos para que suene como una moto. El gato se ha subido a un árbol y ya no van a poder darle alcance, así que todos cruzan el río y suben la cuesta. Al cruzar la acequia, un poco antes de llegar a la vieja balsa, hay una casa de campo. No tiene ventanas y no hay rastro de gente. El mando decide, y a su orden le sigue una estampida de patadas y empujones contra la puerta. Todos están ávidos de un poco de respeto, de una palmada en la espalda de su líder. Saben que el que consiga abrir la puerta tendrá una muesca que añadir a su cuenta de hazañas.

Finalmente más por vejez y cansancio que por la fuerza púber , la puerta cede. Esperan a que entre quien debe entrar primero y tras un breve reconocimiento en el que no encuentran lo que andan buscando todo el verano, material pornográfico, se dedican a desparramar uno a uno los botes de pintura por el suelo. A lo lejos suena una mobilette y al grito de “marica el último” todos corren con el adrenalina por las orejas.

Cuando ya están lo bastante lejos se reúnen de nuevo en la piedra, cerca de las primeras casas del pueblo, y tras el recuento típico de bajas se comenta la huída. “no se por qué habéis corrido, yo me he ido andando y el viejo no se ha atrevido a decirme nada”. Caras de admiración y sonrisas nerviosas. El líder siempre sabe como ganar la guerra propagandística, otra vez batalla ganada. De repente un gato con pocos días se cruza por delante de ellos ajeno al baño de sangre que le espera.

miércoles, agosto 08, 2007

Él era una persona muy negativa, ella era una foto velada por el efecto corrosivo del amor. Así, desconocidos, caminaban sin saber el uno del otro. Él era enclenque y tarambana, su rostro era la viva imagen de la desperación, acentuada ésta por la dudas de su psicótica neurosis. Ella parodiaba con su sola figura todo el proceso evolutivo de la especie humana. Si bien en su juventud empezó siendo un trazo de mujer fatal, la edad terminó por convertirle en una fatal treintañera que escupía contra el viento.

Quiso el azar poner un carrete de por medio. Plasmada entre el nitrato de plata la verdad tiene otra cara, mucho más tierna. Una noche, en la celebración de un escaso título de liga, él hacía fotos con pudor a la enfervorecida plebe y ella buscaba el último ligue del peor extremo de todo Brasil. Acorralados por unos hinchas algo ebrios sus codos se tocaron y entonces nació de su interior una fuerza eléctrica que puso en otro sitio mucho mas dulce cada poro de piel. Se miraron y no hallaron más que el asco que se daban, pero se profesaban un asco poético, un asco de pasión, un asco que les llevó a hacerse el amor debajo de la cama, sobre la mesa de rebelados, en mitad del carrete, a, bajo la sombrilla, entre los setos de la casa del más lánguido de los delanteros de la capital, dentro del cuarto oscuro,...

y lo que Dios unió que la era digital no se atreva a separarlo.

(Post patrocinado por Kodak ante la alarmante falta de ideas) CRISIS DE IDEAS