martes, junio 03, 2008

XLIV

Tu me preguntabas la lección
y yo repasaba tu cintura
trantando de memorizar el tacto
de tus labios subrayados en rojo.
Te desesperaba que en mi cabeza
no hubiera más materia que tu cuerpo,
que mis manos manchadas de tinta
recordaran del tirón
los apuntes de otras noches
y olvidasen por completo
el estudio de esa mañana.
No se si fue la falta de sueño
o nuestro exceso de peligro
pero al esquematizar mis sentimientos
llené la hoja de tachones
para que no pudieras leerla.
Supongo que todo quedó más claro
cuando me sorpendiste con aquella chuleta
en la que en mayúsculas y en negro remarcado
escribí para que no te olvidaras
de que "prefiero rozar hoy tus piernas
a acariciar mañana el aprobado".