domingo, noviembre 30, 2008

Ya no le divierte tanto alistarse a esas batallas en las que no se pierde nada. Es viernes y tiene casi la certeza de que va a encontrarse con otros labios antes de que el sol germine con sus rayos un nuevo sábado. Y sin embargo, cuando mañana despierte, a salvo su orgullo, no se sentirá complacido con esa habilidad innata para el deseo furtivo. Por eso, fantasea como sueña un boxeador retirado con un intercambio de golpes que le devuelva a las portadas. Él también tiene su ring y quiere su guerra para pelear por un amor que le acaricie la espalda sin la incomodidad que deja en el colchón la despedida fría del sexo esporádico. Todavía no lo sabe, pero llegará una mujer para disputarle en su propio terreno el título mundial. Aceptará el envite y saldrá con una sonrisa al cuadrilátero. Para cuando el puño del amor le atice en cara, no le importará perder por ko en el primer asalto. Tras levantarse, exhibirá orgulloso el color morado de su derrota y cuando nadie le mire, en silencio, besará las manos que le hayan despertado del letargo con un golpe seco en el pecho.

jueves, noviembre 27, 2008

Me dijiste ¿Bailas?
y yo te pisé el corazón.

Fue casi sin querer
y ya huías a otro planeta.

En un descudio la gravedad
me convirtió en tu satélite.

Giré ciento veinte mil veces en torno a tí
y vomité demasiadas letras.

Ahora siempre me lo pienso dos veces
antes de ponerme los zapatos.
Desde que no te encuentro busco sin determinación otra esquina para fijar mis citas. Una esquina ajena a que alguna vez conocí de puertas a dentro el interior de tus sábanas. Desde que el extrarradio es sólo un extra accesorio a mi soledad absurda y las calles del centro salpican directamente su bilis sobre mis ojos prefiero beber de dos en dos, hasta saciarme, los vasos cargados de odio. Mientras apuro una cerveza me pregunto a dónde se fue la anterior luna menguante que contemplaron tus ojos en mi cama. Admiro la constancia con la que se reinicia el cielo que puebla nuestras cabezas. Por eso, escondidas bajo la manga de la noche, mis manos esperan posarse en la espalda desnuda de la madrugada. Aunque quiero convencerme de lo contrario sé que si fuera otra vez una estrella fugaz en tu ventana volvería a romper los cristales para quitarte la ropa. Pido otra, desde que no te encuentro creo que si me esfuerzo tal vez encuentre alguna esquina por la que paseé sin ti.

miércoles, noviembre 26, 2008

El planeta está habitado y mi habitación ausente. Madrid está lleno de gente y mi cama vacía. Hay un cigarrillo fumándose a medias por dos mitades de labios y un cenicero lleno con las colillas muertas de besos ajenos . La ciudad gira en el asfalto y se detiene la vida tras mi cristal. En la Fundación nacen 20 niños y calle arriba la mañana es una rambla de intenciones muertas. Madrugan los oficinistas y yo despierto por vicio y sin despertadores aguardando un sobre o una llamada que convoquen mis ganas de seguir avanzando. Por la noche las persianas de enfrente cobijan la necesidad que mis vecinos tienen de un descanso eterno en ocho horas y a mí se me atragantan una a una las rayas de luz artificial que se filtran por la ventana para velar mi oscuridad. Los estudiantes y los trabajadores esperan el fin de semana, para los parados esperar es una costumbre y esta semana siempre es el fin.

lunes, noviembre 24, 2008

Confesión

No supe que existían las palabras hasta que me quedé sin ellas.

domingo, noviembre 16, 2008

Bodegón de naturaleza tóxica

Dos colillas comparten el mismo vaso. Donde hubo calor queda ceniza, donde hubo fuego arde la ausencia. Ambas coquetearon con las mismas bocas, ambas se consumieron en el mismo espacio. Esparcidas en la concavidad absurda de un recipiente para huevos pasados por agua que la funcionalidad y pragmatismo han convertido en cenicero. Hace varios días que la dejadez las mantiene ahí, como la prueba irrefutable de la existencia de la muerte. Apuradas hasta el filtro en bocanadas ávidas de nicotina, desaparecieron en unos labios carnosos para corraborar la ironía gris del morir matando. El aire caliente ascendió y el baile tóxico del humo se perdió entre las rendijas. Ya sólo quedan dos colillas inmóviles apuntalando el universo muerto al que pertenecieron. Probablemente de camino a la basura el recipiente se me escapará de las manos y explotará en un funeral de pequeños trozos de cristal. Entonces probablemente nadie suelte una lágrima y mientras recojo todavía habrá quien piense que aquellos besos cancerígenos ahora sólo son cenizas.

viernes, noviembre 14, 2008

Cuando el último vaso es el primer cenicero y la ciudad en la ventana se convierte en una patria de hormigas. Cuando camina mi apatía entre el bien y el mal y echo mi currículum en las trincheras donde se pelea sin balas. Ayer, mientras la ciudad giraba su última esquina nuestros pasos eran en falso, creí verte pasar mientras buscábamos un bar por las calles donde el sol no sirve de excusa. Aunque hace tiempo que no miro el reloj por si acaso una manecilla me atraviesa el ojo basta con mirarme al espejo para calcular sin márgen de error las noches que se han derramado entre mis sábanas. Mis ojos hundidos me alertan que cada día tengo menos pelo. Se han encendido las alarmas y siento que estoy viajando en un trayecto para el que no compré billete. Cuando la muerte, revisor implacable, me lo solicite yo ya estaré dispuesto a pagar la multa o a apearme en la proxima estación.

miércoles, noviembre 12, 2008

Retrato a la manera de Palahniuk

Robert Callaghan (Vecino): Marlene Smith era todo lo que uno imagina cuando escucha esas frases de los anuncios de "buena esposa y mejor madre". En la comunidad todos nos sentiamos honrados con su respeto.

Marta Marco (Amiga de la infancia): Yo la conocí como Spino, su apellido de soltera. Era nieta de un piamontés arruinado por avaricia e hija de un emigrante. Su novio, que fumaba como un descosido, era la calse de hombre que toda italiana desea, un napolitano semental y fornido que trabajaba muy de vez en cuando en los amarres. Marlene casi se mata cuando aquel malnacido se fue del muelle de Boston al de Nueva York persiguiendo a una muchacha rubia. Después encontró a su David, un soltero tan estirado que cuando entraba al barrio se ataba el maletín al brazo con una cadena.

Nancy Smith (Nieta): Nos cepillaba muy fuerte los zapatos antes de entrar a la iglesia. Al llegar a casa, si nos portábamos bien, nos daba su tarta de manzana. Yo no pienso fumar nunca, la abuela decía que al que fuma las tripas se le dan la vuelta y uno se muere de echar porquería por la boca.

Marthy Sallomon (Presidente de la liga anti tabaco): Marlene era nuestra activista más concienciada. Ganó varias veces la medalla a miembro del mes.

David Smith (Viudo): Yo la conocí cuando todavía iba de casa en casa ofreciendo polizas de seguro anti-incendios. Su padre me ofreció un cigarrillo y yo, que no tengo ese hábito, le agradecí con un gesto de negación aquel presente. A Nancy le impresionó mi porte, dos días después cuando regresé a que los Spino firmaran nuestro contrato, Marlene salio a recibirme. Desde entonces, hasta ahora.

Marta Marco (amiga de la infancia): ¿He mencionado lo ya que aquel novio era un amante del vicio? Y no sólo porque fumara dormido, también le gustaban las apuestas y el vino. Cuando le abandonó, Marlene juró quemar cualquier cosa que le recordase a aquel cabrón.

Veronica Barry (Hija): Cuando pasaron de la docena, mamá perdió la cuenta de los nietos que le habíamos dado. Salimos a ella. Estaba orgullosa de todos, bueno de todos, salvo del subnormal de Tony. No sé como papá todavía consiente que ese hereje viva bajo su mismo techo. Tony siempre representó aquello que mamá odiaba.

Tony Smith (oveja negra): La vieja siempre estaba en todo. Me andaba jodiendo con que dejara el tabaco, me pegaba pegatinas con fotos horrendas en las cajetillas. Nunca se lo dije pero, ah! yo sé que flaqueaba. Cuando llegaba a casa tarde y borracho, me tiraba al catre sin siquiera desnudarme. La muy zorra me despertaba siempre con la intención de arrancarme la camiseta y los pantalones. Después, salía con la excusa de hacer la colada. Sin embargo, siempre, a penas cruzaba la frontera de mi habitación se quedaba media hora absorta olisqueando el olor de mi ropa. Estaba loca, parecía que la vieja quisiera esnifarse de golpe todas mis juergas.


martes, noviembre 11, 2008

En treinta años jamás había faltado ningún día a su obligación con la orquesta. Sin embargo, aquel día Charles Chateau se ausentó del ensayo general previo al gran estreno de la nueva temporada. Se levantó con mucha fiebre y con la calma de un hombre que presiente su muerte. El director había telefoneado a casa para intersarse por su estado y el sr. Chateau se esforzó por incorporarse, pero aletargado por la temperatura corporal su mente no respondió a la anacrusa. Así , derrotado, el violinsta de la Filarmónica decidió vestirse de negro para asistir como espectador al último pizzicato de la parca. Últimamente había perdido la fé en todo lo que le rodeaba, sobre todo en la pasión. Un poco antes de expirar escarbó en su memoria para analizar sus errores de ejecución y se lamentó de que en la vida no existieran da capos para enemendar sus faltas. Antes de abandonarse y dejarse guiar por la barca de Caronte, Chateau lloró su falta de valor para morir de amor. Al día siguiente, cerrados los ojos del violinista, el concertino suplente lucía un brazalete blanco para brindar el concierto al fallecido. Hubo un minuto de silencio, pero salvo doble barra mundial la obra debe continuar y mientras el último hálito de Chateau, según dicen envenenado por las mujeres, recorría el foso de la orquesta, los músicos se esforzaban por emocionar al respetable con la calma final del Orfeo de Monteverdi.

lunes, noviembre 10, 2008

Costumbres

En el mismo tiempo que el planeta gira sobre sí, 20.000 personas visitan la pinacoteca nacional y yo cierro los ojos para ver lo que no quiero mirar. Parpadeo 15.000 veces al día y me temo que sólo me pertenecen por derecho propio la mitad de los 100.800 latidos que invierto para vivir cada 24 horas. Mi sentido común vomita palabras que no entiendo y deduzco que mis piernas se quejan por vicio. Aunque estoy comprometido con lo que me rodea empleo 18 litros de agua para que el torbellino del retrete elimine mis micciones . No tengo conciencia de ello pero cada día me libro de ser uno de los cuatro hombres de mi edad que mueren en accidente. Las estadísticas planean tan raso que zumba en mis orejas el ruido del desconcierto. A veces fantaseo con escapar asido a las alas de cualquiera de los 1.500 aviones que sobrevuelan mi cabeza. Sin embargo, sigo trasportando mi hastío bajo tierra. Cojo al menos cuatro veces el metro y aunque no soy capaz de contar las canciones que escucho entre el baile de andenes, basta con que piense en ti sólo una vez para estar cabreado el resto del día.

viernes, noviembre 07, 2008

Si la inteligencia de un hombre se midiera por las veces que este pierde la cartera, la mía tendría el valor de un cero a la izquierda. He renovado tantas veces mis documentos que algún día me darán una medalla al ciudadano del mes. No en vano, yo solito he mantenido delegaciones enteras de funcionarios. Mi civismo es tan ejemplar que siempre que extravío mi cartera no olvido incluir algún billete para que aquel que al encuentre mi obsequio sorpresa pueda costearse una noche de amistad fraternal con sus congéneres. Eso, por no hablar de los fotógrafos, a los que, a pesar de retratarme siempre con pinta de sospechoso habitual, pago religiosamente mis copias para poder acreditar mi identidad. Aquí yacen mis ganas de seguir escribiendo, por bien común.  

jueves, noviembre 06, 2008

Notas a pie de página de una tarde rebelde

1. El optimismo es la religión de los cobardes

Creer que todo va a ir bien es no tener el valor de sopesar los riesgos innatos de la vida.

2. Odio la lástima

No soporto a quienes son capaces de comerciar con ella.

3. Prefiero la lucha

A pecho descubierto. Es mejor caer por propio peso que languidecer por cuenta ajena.

Acotaciones de una mañana perdida

[No he dormido bien y recién despertado todas las duchas me parecen frías. Sin tiempo no hay reflexiones ni café.]

[No quiero envejecer. No quiero tener que ir al banco para mendigar conversaciones. Tal vez sea eso. Premeditadamente una banda organizada de ancianos (con sus correspondientes diez libretas bancarias) se reparte estratégicamente las sucursales cercanas a mi casa para que en caso de tener que realizar gestiones esten todas saturadas. Así, el tiempo perdido en las colas me envejece un poco más y me convierte, poco a poco, en uno de ellos.]

[Por qué cuando esperamos a que nos atiendan todo el mundo tarda más de lo que mi paciencia está dispuesta a soportar y a mi me despachan en medio minuto. Es como estrenarse con una puta.]

[A veces es sólo un encuentro. Basta con que alguien te pida la hora para ganarse por derecho propio las credenciales de entrada a tus sueños. Por un tiempo, la fragancia y el tacto esquivo al roce de los abrigos cobija la intención nunca resuelta de vencer el miedo a las palabras y/o a los instintos.]

[Y el trabajo, o no.]

Fin del primer acto.

miércoles, noviembre 05, 2008

Balada de un naufragio

"Pools of sorrow, waves of joy are drifting through my open mind, possessing an caressing me"
The Beatles.

Embarcó sin rumbo pero con el equipaje necesario . El viaje a ninguna parte siempre es largo y hace frío. Allá donde él va, las tardes se derrumban mucho antes del crepúsculo y la noche vence al día para dilatar la ausencia que existe entre la cabeza y el cielo. No hace falta ser un experto navegante para soltar amarras y dejarse navegar por la deriva. Un hombre puede escapar de su suerte pero jamás evitar el azar. Cualquier palabra puede surgir de la nada, como una roca, para estrellar las ilusiones contra el frío pétreo de la indiferencia. En el tiempo el ancla es un adorno suicida y tal vez, como en la canción, nadie va a cambiar su mundo. Por eso, prefirió navegar hacía los cantos de sirena, convencido de que la mar quieta y en calma es la peor tempestad a la que se puede enfrentar el corazón de un marinero.
Aquella Polaroid fue el milagro de la vida hecho tecnología. En su vientre se albergaba el fruto químico del carpe diem dispuesto a arrojar sus centímetros cuadrados de subjetividad en minuto y medio. Sin embargo, a mí, aquella tarde de café humeante no me captó ninguna fotografía. No porque no hubieran dedos dispuestos a apretar el gatillo del instante, sino porque para mi se reservaba otro retrato: el de la bajeza de mis actos. No se trata ahora de llorar y de indagar en mi interior para pedir perdón al viento. No es tiempo de verter más vinagre sobre las heridas. Se trata de que aquel instante me encuadró en mi peor pose y como sucede con las cámaras, una captura hecha a destiempo perdurará siempre sobre nuestras conciencias. Por mucho que la apartemos de nuestro álbum de recuerdos regresará para pasar factura, y es mejor asumir el error y prestarse a devolver hasta el último céntimo. Tal vez sólo así pueda pagar lo suficiente como para merecer respeto.

lunes, noviembre 03, 2008

Un nuevo lunes se estrena en los periódicos que envejecen cada día antes y donde los periodistas, en su amor por lo impreciso, construyen muros de palabras con columnas que pronto caerán por su propio peso. El otoño se ha acomodado en los termómetros y los traficantes de gas se frotan las manos desde la silla más cómoda de las mesas redondas en las que se debate sobre sostenibilidad y energía en tiempos de crisis. Propongo eliminar del diccionario las palabras que se repitan hasta la saciedad. Crisis, por ejemplo, pero también, la colonia barata de los domingos: la decepción. No importa si tu equipo gana en casa o si la gloria sexual del aquí te pilló allá te mato arrinconó tu sequía la noche pasada. El domingo, celoso de que te hayas acostado con otros seis días antes que con él, se convierte en el amante despechado que pide explicaciones. Y entonces, ante ese órdago, la decepción se prestará voluntaria a ocupar el hueco que irremediablemente deja la resaca al apartarse de las entrañas. Yo que hoy sólo soy un mensajero de la superficialidad creo que pondré a los Beatles y tararearé Rain.