Hay cosas de las que puedo escribir
pero que no me atrevo a pronunciar
como ese recuerdo mudo
que dejó la espuma de la resaca
en la arena fina de una navidad ácida.
No me arrepiento,
ya otros hombres inventaron antes de mí
una letra que no juzgara sonoramente
los actos que se gestan en el deseo
que nace al calor de las noches frías.
Por eso lo más seductor de lo prohibido
es la hache que esconden sus vocales
y que se insinúa esta vez también
en forma de camarera en trago de whisky
con labios en vela que se prenden en fuego
para asestar un golpe callado pero certero
desde la octava muesca del diccionario
hasta la necesidad fugaz de intercalar nuestros cuerpos.
Año 2012. Año par.
Hace 6 días