miércoles, julio 29, 2009

Aspe, madrugada del día 28.

Al abuelo Pepe, un hombre bueno.

Hoy, en algún lugar resuenan,
huecos de honda nostalgia,
carros y mulas con borlones negros.

En ese rincón, también,
tirita de frío el carbón inglés
y llora de pena el seis doble.

Qué lejos quedan las Islas canarias
escondidas en la triste melancolía del tango
Puente el Baño 348, segundo piso y taller.

Te miro mientras fuera
anuncia un gallo vacío de rabia
los primeros cantos de la última mañana.

En tu ojo estéril y entreabierto
todavía brilla el clavel rojo de galán
asido a la solapa del tiempo.

Tal vez miras para asegurarte de que al final,
siempre quedan los nietos y se marcha el abuelo,
de que aunque muere el hombre, ya nace el recuerdo.

2 comentarios:

Verónica dijo...

Tan bueno como el nieto orgulloso que lo inmortalizará en cada gesto.

Anónimo dijo...

Seguro que el abuelo esta super orgulloso de ti, de escribir estas palabras y otras tantas sobre él.
Eres un cielo.
Tu prima que te quiere. Patricia.