lunes, junio 14, 2010

LL

Hoy, que llueve en Madrid,
he vuelto a recordar como empapelábamos
aquella habitación del reproche
con mis pero cómo y tus por qué,
hasta el vecino ha notado como regresaba
el sonido hueco de aquella amenaza
que uno de los dos acabó por cumplir.

Ahora, que ya buscamos explicaciones
tras otro par de persianas bajadas
me he pasado todo el día
paladeando como se estremecían
solapados al vaho de los cristales
mis no te vayas o tus quédate conmigo.

Aquellas palabras contaminadas
eran nuestro plan B contra el hastío
y aunque ya anunciaban el exilio del cariño
solíamos dispararlas indiscriminadamente al aire
para disolver por la fuerza
nuestras ilegalizadas manifestaciones de odio.

Tal vez, sin yo quererlo
mis dudas siguen ancladas a tu ombligo
como si después del desastre
como si tras aquel naufragio
un cordón umbilical de la desdicha
mantuviera tambaleando pero en pie
nuestra frágil costumbre de despedirnos.

Aun así, a pesar de mi torpe habilidad
para echarte de menos en el momento más inoportuno
todas las mañanas al levantarme me prometo
que siempre será el próximo minuto
el que voy a dedicar a tu olvido.