lunes, octubre 29, 2007

A veces nos aferramos con todas las fuerzas al quicio de la puerta del primer tren que pasa...

Todos tenemos miedo a convertirnos en hombres sin vagón...

¿Y si el siguiente fuera el que te llevase a tu destino?

Lástima que no tengamos tiempo para tantos billetes.

Menos lobos

él siempre se las daba de cenicienta sin zapatos
y resulta que sólo era un pinocho sin narices.

Hallowen

De los percheros cuelgan las más bajas pasiones.
Legiones de sombras ambicionan con derroche
un gesto, una mirada, tal vez un beso
que de algún sentido a sus noches.

Hemos aprendido a destilar el fracaso
de todos los vasos llenos de lágrimas.
Pero en qué nos hemos convertido...
el tiempo nos devolverá con creces
lo que antes nunca le dimos.

Nos hemos inventado fiestas de máscaras para no tener que mirarnos a los ojos.

martes, octubre 16, 2007

-Identifiación
- Soy de esa clase de hombres que viaja en turista y huele a colonia barata. Soy fumador y algo borracho, aun así se la que me viene encima cuando una mujer me mira. Tengo dos hijos, una ex mujer, dos novias y tres amantes, por consiguiente más suegras de las que sería capaz de soportar. Una vez tuve un perro, yo era pequeño cuando murió, pero me gustaba como movía la cola mientras yo jugaba a soldados. Tengo un juicio pendiente por impago de multas y cuatro muelas empastadas. Cojeo al andar un poco por un esguince mal curado. Es cierto que a simple vista puedo parecer un mamarracho pero le certifico que lo soy. Por las noches gasto lo que gano por el día, lo cual no significa que no tenga en estima la amistad. Si un amigo necesita un favor allí estoy yo para dárselo. Si alguien me retira el saludo aquí paz y mañana gloria. No suelo enfadarme por nada y mi postre favorito es el arroz con leche. Los del cobrador del frac me atosigan de vez en cuando pero le aseguro que soy un hombre honrado, cuando puedo pago. Jamás fui capaz de pegar a nadie aunque me vi envuelto en varias peleas. Por lo demás ni más ni menos que nadie.
- Vaya, yo sólo quiero su número de DNI.
- En tal caso me veo obligado a dispararle con mi Colt

domingo, octubre 14, 2007

El retrato de aquel hombre se reducía a un cuerpo magullado por el tiempo y un gastado acento rural. Los ojos, hundidos a fuerza de no saber llorar, mostraban el miedo a todo lo desconocido. Su voz, o lo que quedaba de ella, brotaba tan interna y gris que pareciese que aquel hombre siempre caminaba lamentándose.
Había pasado muchas tardes mirando al cielo para estudiar el comportamiento de las nubes, la dirección del viento,... poco sabía de otras cosas pero le gustaba pensar que el amor es como las lluvias en sus campos: tan escasa como de pronto torrencial, anegando todos los rincones de la tierra. De sobra sabía que esa forma de llover no era buena ni para la tierra ni para las plantas, como tampoco lo era aquella forma de amor, ni para él ni para su corazón pero, como en el clima, se había resingado a pensar que frente a esas cosas poco se puede hacer.
Su tacto acostumbrado a los aperos del trabajo se sentía ridículo frente al terciopelo turquesa del aquel local. Encendió un Celtas y se lo llevó a la boca con serena impaciencia. El resto del Café permanecía indiferente al hombre adomigado con su único traje de chaqueta. Aclaró la garganta con el anís que todavía le quedaba en el vaso y miró por el cristal. Sintió vergüenza de haberse dejado arrastrar hasta allí. Hasta él era capaz de darse cuenta de que aquella mujer ya no aparecería. Cerró la puerta con fuerza y tomó el primer autobús hasta su pueblo. En mitad del trayecto empezó a chispear y el nostálgico labrador marcó una nueva muesca en la culata de su fusil de desengaños.

sábado, octubre 13, 2007

Sentada sobre el cajón no levantaba siquiera hasta la rodilla de sus clientes. Se afanaba en dejar bien limpias las puntas antes de empezar con los talones. Aplicaba un poco de engüento algo más abajo del empeine. Ese truco se lo habían enseñado sus "benefactores" para que al mezlcarse la suciedad con el betún se ahorrara en limpiabotas, ese ahorro lo gastaban sus padres en el Bingo.

La pequeña era rubia casi platino y cuando conseguía estar limpia tenía una tez blanca que le daba el aspecto de un ángel. Tosía a menudo por culpa del contacto con el betún y las heridas que se le solían infectar las heridas que jamás cicatrizaban en sus rodillas. Comía la voluntad, y la voluntad de sus padres era poca. De dormitorio utilizaba la entrada a un parking en invierno y el portal de un cine en verano.

Un día llegó a la ciudad un periodista del Daily Mirror. Tras un largo verano creyó merecerse unas vacaciones. Todo le resultaba pintoresco: Montera, Chicote, Fuencarral, los limpiabotas del Palacio de la Música... Cuando la vió no pudo evitar sentir un escalofrío mezlca de orgasmo y arrepentimiento. La fotografió primero y después se sentó a que le limpiasen sus caros zapatos. No tenía dudas, aquella era la niña que había desaparecido. La que habían estado buscando todo el verano y parte del otoño.

Telefoneó a Londres. Corrieron en diez minutos más ríos de tinta que en toda la semana, las televisones internacionales acudieron a Gran Vía esquina Callao. Una niña asustada se apretaba contra el cajón. Tenía la tez manchada de negro y tosía cada vez más. En Madrid hacía cada vez más frío pero le hicieron ponerse en miles de posturas sobre la acera. El padre, ajeno a lo que buscaban los periodistas creyó poder sacare algo más de dinero con su hija. Sacó de algún podrido rincón de su ropa el ajado documento que certificaba que aquel ángel de alas rotas era en realidad su hija.

Todos los focos se apagaron. Las fotos cesaron, el Daily sólo pudo vender dos portadas con su rostro. La niña siguió limpiando botas y tragando humo. Cerca de allí en algún bar un grupo de jóvenes apesadumbrados brindaron por todas las Madelaines del mundo.

viernes, octubre 12, 2007

Está el norte y también está, jodido, el sur. Están los lunes y el domingo. El pretérito pluscuamperfecto del verbo amar y el pronombre posesivo. La extraña forma de matar de los mandriles y el guante blanco de las barras de labios. Huele a meado el Parlamento y de rosas está lleno el cementerio. Madrid debe ser la única ciudad del mundo donde el metro se permite el lujo de no admitir viajeros. En la Gran Vía hay corredores de bolsa y conductores de taxi. Fulanas, chulapas y chulos. Claveles sin vilamorena con racimos de pendientes de perla.
Hay primeros, segundos, cafés o postres, panes y bebidas incluidos con más carácter que algunas mujeres. Si se observa la cartelera en algún periódico uno imagina que dentro de poco harán un musical sobre la Guerra del Fútbol, la memoria histórica o los cojones de Ptolomeo. Hay banderas en los balcones y ruido de autobuses en el asfalto. En algún teatro entregan el Premio Universal a la Valentía y eso que sólo nos hemos atrevido a pisotear piedras en la Luna. Resulta que tal vez el mundo ya no es tan redondo como Colón decía.