jueves, octubre 30, 2008

Arribó como arriban las palomas a las marquesinas, de puntillas y con la intención de marcharse aleteando en un suspiro. Sin embargo, a menudo las intenciones no coiciden con las ganas y desde aquella repisa el cielo que se divisaba era peligroso pero apetecible. Día a día venció el abismo de la distancia planeando sobre la respiración entrecortada de las calles de la capital y al fin de año se sorpendió al cambiar sus costumbres migratorias por un nido poco confortable pero propio. Sobrevivir es una necesidad innata, así que empeñó sus viejos caprichos y aprendió a alimentarse de las migajas que ofrecía la ciudad bajo los bancos de algunos parques. Fue feliz hasta que lo pensó, entonces, anotó en su libreta de cuentas pendientes otra despedida y se marchó al caer el día como se marchan las palomas, aleteando en un suspiro de la noche, agitando todas sus ausencias, sólo por miedo a que la próxima vez que le apeteciera marcharse ya no supiera volar.
Aquí las horas siguen inmóviles en el reloj de la entrada. Ahora mismo debería estar meciendo(se) mi pelo en la almohada pero permanezco sentado en este trono que me erige, sólo hoy, en el rey de los noctámbulos. Padezco y disfruto los pequeños detalles del insomnio como padecen y disfrutan los enfermos que descubren y alivian sus síntomas. Tal vez, estaría más tranquilo soñando con caminos conocidos que llevan a lugares incorrectos pero mi cabeza no se deja engañar tan fácilmente por los oropeles de Morfeo. A veces cuando me rindo ante el cansancio y mis párpados caen sobre el hastío imagino historias increíbles que unen a personas muy cercanas con las que habitan los recuerdos más perdidos del extrarradio de mi memoria. Es tan inverosímil que yo mismo me despierto asumiendo que era un sueño, y entonces, como ahora, vuelve mi trasero a esta silla mientras, sin prisa por irse, regresa a mis ojos el insomnio.

miércoles, octubre 29, 2008

"El cariño que te tengo
no te lo puedo negar,
se me sale la babita

yo no lo puedo evitar"

Hace ocho meses sobrevolábamos el Atlántico con la agitación intensa de no saber con qué íbamos a encontrarnos ni qué íbamos a reconocer. Teníamos el mito en las guías y la realidad en los ojos y esperábamos una media ponderada de ambas partes para festejar la aventura de estar allí, vivos, en San Cristobal de La Habana. Antes oía chan, chan tratándo de aislar el gen cubano en mi genóma musical, ahora esucho el mismo tema y los olores se filtran en mis oídos. El sabor de la calle antigua, del ruido destartalado de un coche milenario o la mirada cristalina de la vejez isleña tatuaron mi geografía sonora para elevar mi conciencia de nuestra condición de humanos aquí o allá. La música, que no entiende de patrias o sistemas, se convierte en la memoria del viajero. Y mientras oigo chan, chan, ocho meses después, comprendo que aunque nunca haya estado en esa senda siempre caminaré de Alto Cedro para Mar Cané.
A veces me encierro desnudo, a solas, para mantener diálogos con mi piel. El frío, primero, y el hastío, después, agrietaron nuestra relación hasta dejar que se colara por las rendijas de los celos el derecho a odiarnos. Ayer, se quejaba de sufrir las promesas que hago al viento, de tener que asirse a la carne cada vez más fuerte para evitar caer en cada nuevo giro de mis pasos. Me amenaza con largárse y me pide que la cuide de una vez. Yo ya no se quién es el bueno ni quién es el malo, porque aunque es cierto que a veces mi tacto, que también es ella, la evita para no tener motivos para el reproche, otras noches, me convierto en un amante fiel y ella decide castigarme por la espalda con el deseo de otras pieles, en otros cuerpos.

martes, octubre 28, 2008

El agua cae sobre la calle, sobre la plomiza mañana de los barrios pudientes y sobre la concurrida esquina del barrio obrero. Quien más, quien menos, tiene algo con que taparse la cabeza. La lluvia es una película extranjera que gana adeptos y detractores a partes iguales. Dan ganas de esconderse en casa para escuchar a Piazzolla y no salir hasta pasado mañana por la mañana. De evadirse por un segundo de todas las renuncias de los martes y disfrutar en el balcón del ritmo sincopado de la cortina de agua y del olor a humedad con el que se perfuma el otoño. El tráfico rodado se congestiona en las vías de respiración de esta ciudad costipada y se encharcan las pisadas en las estaciones de metro. Veo a Nonino viajar rumbo a una vía muerta y me hace pensar en que hace tiempo que todos caminamos a distintas velocidades. El baho de las conversaciones asciende de unos labios de mujer al cielo mientras fantaseo con ser fumador y fumar en la ventana. Antes de dormir volveré a escuchar este tango que tanto me llama y se retuerce en el arco del cello junto a mi sueño de vivir y cobijarme en dos inviernos.

lunes, octubre 27, 2008

Lo mismo hace frío que lo mismo hace calor. Lo mismo es lo mismo y nada es igual. Piedras y palabras son enemigas y necesarias, ambas se lanzan con intención y en ambas se puede errar el tiro. Yo ya fallé algunas veces y todavía puedo oír los cristales de aquella ventana crugir en la calle, bajo mis manos encharcadas en el veneno de los remordimientos. Cae la misma noche en la estrofa de todos los solitarios que aran los surcos de su vida en viajes entre coche y andén. A algunos la razón les pide continuar y a otros les tirita el corazón ante el enésimo recibo de luz de un alma con cortocircuitos. Habrá quién crea que hablo de mí y hablo de todos, y tal vez sí o tal vez no. De todos y de ninguno, porque lo mismo hace frío que lo mismo hace calor, lo mismo es lo mismo y lo mismo nada es igual.
Emperrados todos en recuperar, o no, la memoria de los muertos en contienda nos hemos olvidado del resto de batallas. El día de Todos los Santos se muere. Halloween™, importado para la ocasión por los mercaderes de la morgue, ha ganado la partida. Cada vez menos gente visita a sus muertos, no sólo a los de la guerra, tampoco a los de la sífilis, ni a los de vejez, ni a los de pena. Hemos convertido nuestra ofrenda al recuerdo en una especie de carnaval dantesco, más propio del fulano español que del genio italiano. La memoria es desgraciada, no sólo histórica, y marchitan las flores donde ahora crecen calabazas. De todos modos, habrá que aprovechar ahora que hemos matado dos veces a los muertos. Las multinacionales de las fechas señaladas ya están imprimiendo el próximo catálogo de Pascuas. Madrid ya está alterada. En breve las luces de Navidad deslumbrarán el asfalto de una ciudad en crísis pero, es tan bonito...

sábado, octubre 25, 2008

El mundo le gana una hora al reloj y, a pesar de que condena al día a derrumbarse mucho antes, estamos encantados con esa ofrenda que la noche hace a la noche. Tenemos una segunda oportunidad para caer dos veces en la misma piedra o para que los insomnes se rediman y restituyan los inestables cimientos de su amor propio. 25 horas por Real Decreto, por Normativa Europea o por conciencia colectiva intercontinental. Seguro que cuando William Willet ideo su cambio de horario, en un paseo a caballo por Londres previo al desayuno, allá por 1905, no creyó que un siglo después los seguidores de garrafón se frotarían las manos ante este presente que les brinda el otoño. Fue en 1973 que, con la crisis del petróleo en los bolsillos , se pensó que todos ahorraríamos energía con el invento de Willet. Hoy, al borde del nuevo colapso bursátil, aprovecharemos la noche para ingresar nuestros ahorros en la barra del bar que mejor intereses ofrezca a nuestra causa, después, en esa hora plegada escondida en el antepenúltimo giro de la madrugada, derrocharemos nuestras últimas intenciones de encontrar cuerpo que cobije las ganas de perpetuar nuestra huella en 15 minutos de desenfreno.

Cambiar la hora es obligatorio, cambiarnos es imposible.
Me fascinan los crucigramas. Tal vez porque a veces se asemejan a esa nimia porción del universo que puedo contemplar a través de mis ojos. Un caos que gira armónico y que encuentra inexplicablemente su orden en el cruce de palabras. No es que me guste rellenarlos y no es que encuentre apropiado el contenido de sus casillas, es que simplemente me gusta saber que existen. Al menos para creer que en algún momento encontraré alguna palabra de siete letras que ayude a recomponer los pensamientos en mi cabeza. Mientras tanto, no puedo evitarlo, me atrae la noche como a los parásitos la luz. Sólo porque me embauco al primer baho del whisky y me dejo llevar, como se dejan mecer las letras en los crucigramas, me llaman perdido. Y tal vez tengan razón esos apóstoles del buen gusto, me pierdo con demasiada facilidad y con cierta asiduidad. Pero son los riegos que vienen adheridos a la decisión de no afiliarme a ninguna filia. Es difícil nadar en dirección contraria. Me aferro por si acaso a la próxima casilla en blanco del calendario. Cuando creo que voy a hundirme ahí están los crucigramas para demostrarme que en mitad del caos puede hallarse el orden. Inconexo, tal vez, pero necesario.

viernes, octubre 24, 2008

"El camino es largo y tortuoso hasta tu puerta"
The Beatles

No necesito amores a la carta. Me siento incómodo en un mundo sin ideas que no(vela) a sus muertos. En esta enumeración de supuestos placeres hasta el vino tiene lágrimas, dicen los entendidos. Hay nombres que no comprendo y ninguna noche encuentro en la lista del deseo un sólo plato que sirva pecado sin espinas. Pienso con la entrepierna, quiero algo sencillo, un cuerpo vuelta y vuelta. Mi resistencia a ciertos labios es tan frágil como la vana promesa de bajar a tomar sólo dos cañas. Sólo quiero beber, bailar y al final de la noche un poco de acción sin guarniciones. Si se tercia creo que hoy me saltaré los platos y tomaré sólo el postre. Bendita fruta del tiempo.

lunes, octubre 20, 2008

Paseaba por Madrid a esas horas en las que los borrachos llaman a sus exmujeres. Entimismado en el brillo frágil de una copa de vino blanco. Paseaba aturdido por el último círculo que dibujaban las sirenas de una ambulancia en la calle mientras pensaba en las montañas de palabras que le aguardaban entre las sábanas. 24 horas al día son demasiadas para olvidar. Todas sus letras las había desordenado una sola de tus frases y no había que buscar culpables. Y no había que buscar explicaciones en colchones que se ensanchan con el insomnio. Ve porno para agotarse, cuando un mal sueño besa el recuerdo mañana se convierte en la fé de los creyentes y una mal plan para los suicidas.

domingo, octubre 19, 2008

Son las diez de un sábado, hora punta en los colchones y ya suena en la calle el ruido metálico de un saxofonista frustrado. Algún alma caritativa debería invitarle a marcharse a otra esquina o prestarle una cuerda para ahorcarse. Lo sé, a veces lo mejor no es siempre lo más correcto. Prefiero escuchar mi propia música, la de un estómago anárquico en huelga con la revolución de la resaca en las entrañas. Miro como se consume el último café en el primer vaso que he encontrado. Me siento huérfano de mitos y leyendas. Algo me dice que no he nacido para convencer a nadie por eso, tal vez ,algún día llamen a la puerta y sea por mi. No soy un héroe, terminaré por traicionarme y convertirme en todo aquello que no quise. Cuando redoblen los tambores pediré que no me tapen los ojos y espero que para entonces mi hoja de méritos sea tan amplia que me permita dirigir al pelotón en mi fusilamiento.
Tenía cierta fobia a los olores desde que su primera novia se fugó con un tipo que utilizaba la misma colonia que él. Hubiese preferido un olfato atrofiado que no profesase devoción por el poder evocador de algunos aromas, sin embargo, su nariz se perfilaba como uno de los rincones más poderosos de su memoria. Recordar con el olfato le fue contraproducente. Para una vez en mucho tiempo que se le acercó una mujer que no olía a garrafón su pituitaria ya estaba cansada de husmear fracasos.

jueves, octubre 16, 2008

Todos esperaban de él lo que él nunca esperó de los demás. Siempre tuvo el arco de sus labios tensando alguna palabra perfecta para desequilibrar su propia estabilidad. Tenía el gusto de tener el equipaje preparado y la certeza de que cuando hay naufragio las damas siempre se salvan primero. A pesar de lo hallado nunca dejó de buscar. No aguardaba que terminara la pelicula para poder salir del cine pero para las mujeres siempre tenía un último trago. Sabía que cuando paseaba por la calle la gente contra la que se chocaba no solía ser real. Se mató para no tener que suicidarse. Antes de saltar lanzó primero sus zapatos para que sus huellas siguieran en órbita. Tenía tanta rabia que la próxima vez que veamos pasar un cometa con el nombre de sus suelas habrán pasado cien años.

miércoles, octubre 15, 2008

En esta copa cabe lo que ocupa una canción.

En la melodía los hielos tiritan y no es de frío. Esta canción tiene el trago amargo como lo prefieren los viejos que l as peores borracheras siempre son las dulces y el poeta naufraga cuando confunde labios con versos. Será mejor beber al calor de un estribillo difícil para evitar que el vapor de la música empañe la memoria. A esta canción le bastan motivos y le sobra rencor pero no puedo cansarme de esuchar con nervios el silencio previo a la batalla. Antes de descorchar una canción presta atención al momento y al lugar, será mejor que lo hagas solo o el recuerdo de ese instante podrá peresguirte de por vida. Para mal o para bien, hay estrofas que se anclan al paladar. Brindemos por hoy que a esta copa a la que llamamos vida le queda lo que ocupa una canción.

lunes, octubre 13, 2008

"Hijo de puta". No se lo decía a su reflejo, insultaba al espejo que ridiculizaba en un sólo golpe de mirada todos sus defectos. Le bastaba con dejar caer los ojos sobre cualquier parte de su geografía más intima para sentir que los años avanzaban pendiente abajo en su físico. Para paliar su enfado prematuro al borde de una larga jornada de trabajo se prometió un "Hoy salgo a correr". Obviaba así que hoy, como ayer, llegaría a casa al límite del colpaso mental, hastiado por su labor funcionarial de sellar instancias y sin ganas de ejerecer más esfuerzo físico que el necesario para engullir una cena fría. Absorto en la cortina de humo que la televisión imprime a la inteligencia nocturna del común de los mortales logró recuperar un pensamiento para cerciorar que de los últimos años sólo recuerda haber aprendido que la vejez es un camino para el que no se necesita rellenar formularios.

domingo, octubre 12, 2008

Antes nos observábamos de lejos con la distancia que mantienen dos piezas apartadas dentro de un mismo puzzle. Sin embargo, con el tiempo, inexorablemente, todo rompecabezas selecciona cuidadosamente sus fichas y, tras el miedo inicial de que mis huecos no coincidieran con sus salientes, nuestras ausencias se encajaron con soltura. He de reconocer que sus ojos tenían la incertidumbre necesaria para hacerse indispensables. No se en que momento nuestros pasos se sincronizaron pero tras el abismo de sus pupilas hallé un mar que no pedía explicaciones y una barca sobre la que mecer mis fracasos. Serrat ya le cantaba. Yo, que como músico soy un músico indecente, descubrí que en este mundo tan disonante su voz era la nota para que la armonía fuera completa en el acorde. Así que aquí presento mis credenciales para avanzar en tu vanguardia. Aunque la batalla sea dura prometo que cuando el camino se nos vuelva a torcer sonará un vaso quebrado en el horizonte en un nuevo brindis con ron. Por la necesidad de seguir en pie, por la necesidad de necesitarnos.
Despierta otro domingo. Mientras la patria se celebra en crisis, el sol no encuentra tantos motivos. 12 de Octubre, militares en cuña pasean sus uniformes de gala como una secuencia binaria de unos y ceros. Tanteo la mesita para encontrar mis gafas mientras el sonido de un piano martillea mi desparecida conciencia nacional. No hay rastro de colpaso hepático. Cruza por el cielo frágil con el que hoy amanece la ciudad una bandada de aviones descarriados, mi cuarto en desorden es un planeta a la deriva a punto de colisionar en algún punto del universo. Retruenan las cornetas en las grandes avenidas pero mi ardor guerrero está resfriado. No tengo gran cosa que hacer salvo evitar los carros de combate. El último día descansó. Al menos la KPLU N&J emite 24 horas.

viernes, octubre 10, 2008

Sólo salí para poder volver a entrar. Pero a mi vuelta, en el suelo, nuestro amor estaba muerto por la traza de aquella bala imaginaria que nadie se atrevió a disparar. Me dijeron que te alejaste a aquel mar en el que sólo había sitio para dos polizones. Por mi parte, edifiqué un refugio junto al reflejo de la luna y aprendí a no tener que mirar para ver. Me dolió la ausencia donde antes dolían las agujetas de tanto desgastarme las ganas. Pasé horas muertas resucitando mi orgullo. Ayer borré las canciones de aquellos días y hoy he conducido por carreteras secundarias sin anden para despedidas. Pero la lluvia ya no cae con la misma fuerza. Y se que, tal vez, nos veremos algún día... que clase de hombre sería yo si sólo aceptase los órdagos cuando tuviera buenas cartas.

jueves, octubre 09, 2008

La noche es una trinchera. Muchos cobardes disparan al bulto, sin mirar. A lo lejos, en la retaguradia, Alton Ellis templa la hoguera de este refugio de pastores. Jamaica cruza la habitación en el candor de las brasas. Dos minutos y cuarenta y nueve segundos después el reagge es mucho mejor cuando se escucha sin ton ni son, sobre todo sin ton. In Jamaica... todo puede ser verdad y sin embargo todo es tan mentira.
Cuando me apetece me doy al extinto vicio en las ciudades de mirar por la ventana. Repudio a la mañana torcida nacida de un traspiés de nubarrones de cerveza pues me debo a la tarde sin respuestas y a las noches sin preguntas. Conduzco sin carnet por la ruta salvaje que me lleva desnudo al precipicio animal de una mujer. Me protejo de los profetas y de los corazones que no se oxidan. Al volver, me alimento de latas de conserva con sabor a madrugada porque temo los vendavales de sopas de letras que tergiversan mis palabras. Practico a partes iguales la verdad y la mentira .A veces anochezco frente a una pantalla iluminada llena de cuerpos que se dan al amor sin amor y entonces guardo en el primer cajón de la cómoda todo aquello que me hace olvidar. La fragilidad de las canciones que crecen entre mis dedos vuela hasta la marca de ropa interior de alguna sombra furtiva. No pido excusas, no doy explicaciones. Para este viaje no necesito equipaje.

1ª reflexión de la tardor

El verano a echado el cierre. Se ha quedado la calle mecida en un mar de hojas secas y números rojos. Por eso están los bares llenos de amores de segunda mano para camareras de primera. La ciudad huele un poco más a pueblo, es más humana, y en esta suspensión de pagos que ofrece el calor los hay que por ahorrar reciclan sentimientos. Por suerte, mientras la Luna se anaranja en los balcones, Madrid se presta a la batalla. Octubre es el mes de las revoluciones, noviembre el de la ausencia y aunque para el olvido las facturas siempre se cobren en otoño, esta estación es un milagro.

viernes, octubre 03, 2008

El frío y el dolor son psicológicos.

Que se lo digan a Ernest McDonald muerto a puñaladas en el Polo Norte.

miércoles, octubre 01, 2008

El futuro no tiene instrucciones. El pasado tiene contraindicaciones. Resulta, no lo explica el prospecto, que ciertas palabras son reversibles. Algún día bajaré a la calle, a cualquier calle, y me alcanzará la bala perdida de los años. Una bala que salió del cañón que articulaba un gatillo que yo solía apretar. Para qué esconderse, los labios que disparan saben doblar esquinas. Por fortuna, siempre queda el orgullo. Supongo que las caídas tienen sentido si somos capaces de levantarnos. Cualquier día una de nuestras balas podrá herirnos, lo importante es que aprendamos a dar el siguiente paso. Al menos hasta el siguiente disparo contra nosotros mismos. 3, 2, 1... fuego.