sábado, octubre 25, 2008

El mundo le gana una hora al reloj y, a pesar de que condena al día a derrumbarse mucho antes, estamos encantados con esa ofrenda que la noche hace a la noche. Tenemos una segunda oportunidad para caer dos veces en la misma piedra o para que los insomnes se rediman y restituyan los inestables cimientos de su amor propio. 25 horas por Real Decreto, por Normativa Europea o por conciencia colectiva intercontinental. Seguro que cuando William Willet ideo su cambio de horario, en un paseo a caballo por Londres previo al desayuno, allá por 1905, no creyó que un siglo después los seguidores de garrafón se frotarían las manos ante este presente que les brinda el otoño. Fue en 1973 que, con la crisis del petróleo en los bolsillos , se pensó que todos ahorraríamos energía con el invento de Willet. Hoy, al borde del nuevo colapso bursátil, aprovecharemos la noche para ingresar nuestros ahorros en la barra del bar que mejor intereses ofrezca a nuestra causa, después, en esa hora plegada escondida en el antepenúltimo giro de la madrugada, derrocharemos nuestras últimas intenciones de encontrar cuerpo que cobije las ganas de perpetuar nuestra huella en 15 minutos de desenfreno.

Cambiar la hora es obligatorio, cambiarnos es imposible.

4 comentarios:

Ró dijo...

Totalmente de acuerdo... cambiarnos imposible...
estamos en la misma.
mil besos

Ignasi dijo...

Si, alguno de nostros entramos en tu blog mintras se "Despierta otro domingo". Debiria de ser culpa de tu prima Pilar, pero la verdad es que tu forma de escribir me dejó sorprendido, para bien.

Te agregamos en nuestras "altres aventures"

quanderndebitacora.blogspot.com

Anónimo dijo...

Hola primo:) Sigo leyendote!

princesaperonista dijo...

yo, sin embargo, sigo durmiendo hasta las 10 am :)