domingo, octubre 19, 2008

Son las diez de un sábado, hora punta en los colchones y ya suena en la calle el ruido metálico de un saxofonista frustrado. Algún alma caritativa debería invitarle a marcharse a otra esquina o prestarle una cuerda para ahorcarse. Lo sé, a veces lo mejor no es siempre lo más correcto. Prefiero escuchar mi propia música, la de un estómago anárquico en huelga con la revolución de la resaca en las entrañas. Miro como se consume el último café en el primer vaso que he encontrado. Me siento huérfano de mitos y leyendas. Algo me dice que no he nacido para convencer a nadie por eso, tal vez ,algún día llamen a la puerta y sea por mi. No soy un héroe, terminaré por traicionarme y convertirme en todo aquello que no quise. Cuando redoblen los tambores pediré que no me tapen los ojos y espero que para entonces mi hoja de méritos sea tan amplia que me permita dirigir al pelotón en mi fusilamiento.

2 comentarios:

Enredada dijo...

tal vez ,algún día llamen a la puerta y sea por mi.

Tal vez así sea, y los sonidos de tu propia música suenen como un saxofón...y no te aturdas más.
Mil besotes!

Anónimo dijo...

Desde no hace mucho soy seguidor tuyo, primo.

Un saludo, hombretón!