sábado, octubre 25, 2008

Me fascinan los crucigramas. Tal vez porque a veces se asemejan a esa nimia porción del universo que puedo contemplar a través de mis ojos. Un caos que gira armónico y que encuentra inexplicablemente su orden en el cruce de palabras. No es que me guste rellenarlos y no es que encuentre apropiado el contenido de sus casillas, es que simplemente me gusta saber que existen. Al menos para creer que en algún momento encontraré alguna palabra de siete letras que ayude a recomponer los pensamientos en mi cabeza. Mientras tanto, no puedo evitarlo, me atrae la noche como a los parásitos la luz. Sólo porque me embauco al primer baho del whisky y me dejo llevar, como se dejan mecer las letras en los crucigramas, me llaman perdido. Y tal vez tengan razón esos apóstoles del buen gusto, me pierdo con demasiada facilidad y con cierta asiduidad. Pero son los riegos que vienen adheridos a la decisión de no afiliarme a ninguna filia. Es difícil nadar en dirección contraria. Me aferro por si acaso a la próxima casilla en blanco del calendario. Cuando creo que voy a hundirme ahí están los crucigramas para demostrarme que en mitad del caos puede hallarse el orden. Inconexo, tal vez, pero necesario.

1 comentario:

Ró dijo...

Es difícil nadar en dirección contraria
es difícil encontrar el ordén a lo que lo tiene escondido... es difícil ser a pesar de todos... pero sos, y sos grande...
besos