jueves, octubre 09, 2008

1ª reflexión de la tardor

El verano a echado el cierre. Se ha quedado la calle mecida en un mar de hojas secas y números rojos. Por eso están los bares llenos de amores de segunda mano para camareras de primera. La ciudad huele un poco más a pueblo, es más humana, y en esta suspensión de pagos que ofrece el calor los hay que por ahorrar reciclan sentimientos. Por suerte, mientras la Luna se anaranja en los balcones, Madrid se presta a la batalla. Octubre es el mes de las revoluciones, noviembre el de la ausencia y aunque para el olvido las facturas siempre se cobren en otoño, esta estación es un milagro.

1 comentario:

Incomprendida dijo...

Madrid está tan bonita en otoño...
Lástima que siempre seamos tantos en esta ciudad de ritmo alocado...
Muy bueno tu post, me ha gustado mucho.