domingo, octubre 19, 2008

Tenía cierta fobia a los olores desde que su primera novia se fugó con un tipo que utilizaba la misma colonia que él. Hubiese preferido un olfato atrofiado que no profesase devoción por el poder evocador de algunos aromas, sin embargo, su nariz se perfilaba como uno de los rincones más poderosos de su memoria. Recordar con el olfato le fue contraproducente. Para una vez en mucho tiempo que se le acercó una mujer que no olía a garrafón su pituitaria ya estaba cansada de husmear fracasos.

1 comentario:

Enredada dijo...

todo llega.