viernes, octubre 10, 2008

Sólo salí para poder volver a entrar. Pero a mi vuelta, en el suelo, nuestro amor estaba muerto por la traza de aquella bala imaginaria que nadie se atrevió a disparar. Me dijeron que te alejaste a aquel mar en el que sólo había sitio para dos polizones. Por mi parte, edifiqué un refugio junto al reflejo de la luna y aprendí a no tener que mirar para ver. Me dolió la ausencia donde antes dolían las agujetas de tanto desgastarme las ganas. Pasé horas muertas resucitando mi orgullo. Ayer borré las canciones de aquellos días y hoy he conducido por carreteras secundarias sin anden para despedidas. Pero la lluvia ya no cae con la misma fuerza. Y se que, tal vez, nos veremos algún día... que clase de hombre sería yo si sólo aceptase los órdagos cuando tuviera buenas cartas.

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