jueves, abril 27, 2006

RoSendo

Ha llegado el momento de presentar al gran público a un as del dibujo. Prepárense porque en el futuro dará mucho que hablar. LLegará lejos (como repartidor del Telepizza) por el momento se encarga de emborronar hojas con bocetos. Algunos le reconocereis como el creador de la camiseta del MONO "volumen", para otros este es el primer contacto con un futruo crack. En su favor diré que es buena persona y gallego, que ya es decir.

Como no todo iba a ser tristeza en este blog aquí va una de las perlas del de ViGo...

DERECHOS RESERVADOS ROSENDO´05

REGISTRADO

Ponedle algún comentario al chaval que así se crece y no da tanto la vara en casa

miércoles, abril 26, 2006

¿?


Cuando de pequeño le preguntaron para que había nacido el contestó que para morir. Cuando creció le preguntaron que para crecía, es obvio, respondío, para que mis hermanos puedan heredar la ropa. Si llovía era porque el sol estaba en huelga, este era un defecto derivado de vivir en Madrid. Si sus padres se habían separado era porque los demás niños también tenían derecho a disfrutar de un padre como aquel.
Siempre tenía respuesta, si las nubes pasaban rápido era porque tenían otras cosas que hacer, si mamá no trabajaba era porque no quería, si se peleaba en clase era porque lo había visto en la tele. Jugaba de portero porque no le gustaba correr, escuchaba la música que escuchaba porque no había otra.
Así creció, como un niño sabelotodo que siempre tenía respuesta. Si fue a ese instituto era porque le quedaba cerca de casa, si su abuelo había muerto era porque había nacido, el mejor equipo era el Rayo porque todo el mundo lo sabía. Las chicas eran tontas porque les gustaban chicos mayores.
Llegaron las borracheras, las fiestas, los guateques y ella... empezó a espiarle en clase, se interesó por sus aficiones, le ayudaba en matemáticas, dibujaba su nombre en los cuadernos... hasta que un buen día sus amigos le preguntaron por qué le amaba...palideció, se sentó en el bordillo de la acera y murmuró...NO SE

Acariciando el suelo

Tocando fondo
Mirad, como muere un corazón
hundido en un su retórico latir
y decidme si no os parece triste
que piense en ella a pesar de morir.
Herido de muerte se presenta
éste que escribe cotidanas falsedades
mas nunca supo poner distancia
entre sus mentiras y sus verdades.
Ya no queda nada entre tu y yo
y esta vez no es Fito el que lo canta
es tan sólo un ronco silbido
que agoniza en mi garganta.
Dime que todo es mentira
que has mentido por piedad
que no es está la última noche
no me dejes a la deriva de la soledad
Tocando fondo, tocando fondo,
no se de otra forma de amar

miércoles, abril 19, 2006

Nostálgia de sal


En un mar adormecido, como duermen las verdades, unos ojos cansados de librar batallas. Se posan sobre la delgada línea del horizonte, siempre de límite confuso, que juega entre el cielo y el agua a empujar el sol en los amaneceres. El viejo se estremece de raices a puntas y de puntas al alma.
Cúantas noches de alzarse al trabajo al romper el alba, cuantas tardes de regresar de la vendimia al irse el sol. Los hijos, el amor, la luna y el tabaco. Las guerras cotidianas y el morir del día a día. Esos pliegues en la piel que la edad, como el viento con la roca, se ha empeñado en modelar. Todo y nada a la vez. Si el demonio sabe más por viejo que por demonio es que no vió el mar de viejo.
Allí frente a la arena, apoyado en un bastón, recibe el olor a salitre como un homenaje post mortem. Añora entonces las tardes que no pasó excavando laberintos en la playa, los días que no pudo contemplar como se iba la luz tras las montañas y el mar quedaba a expensas de la luna y los faros, el sabor a sal de las lonjas,... Todo lo que sabía se desvanecía ante la sola idea de la inmesidad marítima.
Para él aquello era arte, no le cabía duda, arte era aquello que le estremecía sin más, sin pedir nada a cambio. Siempre hay una primera vez para ver el mar. Al viejo aquello le llenaba juventud, de curiosidad, de inocencia... Comprendió entonces que no tenía sentido desear aquello que ya se perdió, mejor amar lo que nunca había vivido, esa era su forma favorita de olvidar.

domingo, abril 02, 2006

Cruzando el puente


Es cierto que una vez tuvo un novio, pero la Guerra lo mató. Desde entonces no quiso volver a hablar de amor, al menos en voz alta. Siempre con aquel eterno vestido negro, tejiendo a ganchillo junto a una ventana. Tejía como Penélope, pero lo hacía con la certeza de que Ulises no volvería.

Dividía su tiempo en tres. Arreglaba la casa, iba a misa y hacía punto. Los domingos y las fiestas de guardar siempre comía con la familia. Su hermano, que vivía pared y midiera con ella, tenía cuatro hijos y trabajaba todo el día. Siempre le había ofrecido lo poco que el podía darle, tanto él como su mujer ayudaban en todo lo que podían.

Era una mujer de costumbres. Cruzaba el puente cargada de dulces para sus sobrinos, a los que daba por cada cumpleaños un billete verde con el Teide estampado en una de sus caras.

Marchitaba en una casa con olor a alcanfor, grande y con escaleras empinadas. A pesar de todo, el tiempo no le había tratado tan mal. Seguía tendiendo sobre las tejas entre dos hilos, y aunque alguna vez había resbalado no abandonó esa costumbre hasta que la enfermedad se lo impidió. Repudiaba la fregona y para ella la única forma digna de fregar era arrodillada ante el pavimento.

Silenciosa en el sentido sonoro de la palabra. Le gustaba hablar en voz baja. Rezaba a un santo diferente cada día. El suyo, el 2 de febrero, también era su cumpleaños. Un otoño se fue, no recuerdo si dijo adiós, yo no estaba. Algún domingo me pareció ver un eterno vestido negro cruzando el puente. Se que no fue una alucinación tan solo confusión. Soledades marchitadas abundan. Sería otra mujer perdida tras una guerra, un abandono o una muerte repentina. Viudas antes de casadas, sombras que se extinguen. Recuerdos, de vez en cuando, de algún sobrino o hermano. Eternos vestidos negros cruzando un puente... a veces solo de ida.