lunes, enero 23, 2006

Quiero...



QUIERO

Quiero volar y despegar de este mundo

buscar un lugar del que sentirse dueño

Un planeta dónde no haya preguntas

donde poder ser mitad hombre, mitad sueño...

Quiero que desaparezcan las esquinas

a la vuelta de ellas nunca nos aguarda nada bueno

Tener una casa de recortes de papel

y tatuarme la palabra "soledad" en el cuello.

Quiero dormir en mi tela de araña

y no despertar nunca de pesadillas felices,

ya que lo mio son los malos sueños

supongo que los buenas pesadillas existen.

Quiero trepar por nubes grises

y ver el diluvio caer desde arriba,

invitar a todos los hombres y mujeres

que solo por una vez cambien su perspectiva

Quiero cerrar estos pesados libros y huir

mandar todas las tristezas al olvido

y parar el reloj que asesina los días...

Por hoy me conformo con seguir vivo.

sábado, enero 21, 2006

Número 2



El Número Dos despertaba distante. Rebaños somnolientos uníamos en cuestión de veinte minutos el espacio que separa una punta del pueblo con la otra. En esas cuestas fue donde aprendimos a odiar los relojes, a maldecir los despertadores chillones y el ruido de motocicletas sin silenciador. Como un anuncio de inmobiliaria "Totalmente equipado, a estrenar...". Vaya si lo estrenamos! Nunca fuí tan jóven como en esas aulas, nunca fuí tan feliz... 17 años y pelo corto, pantorillas firmes y escasa grasa. El Número Dos anclado en la sierra nos llamaba. Amigos pasajeros y amigos que atracaron para siempre en mi puerto respondieron como yo a esa llamada.
Anécdotas a granel. De las cosas que conocíamos el número dos era lo más parecido a un oasis. Tenía agua, árboles y camellos, muchos camellos. Agustín y sus termostatos, Claudio y su problema de altura. Moninos que subían escaleras por mal comportamiento. Rubén saliendo del armario... José Miguel buscando el aire libre y volando sobre Lorena. ¿Quién a roto la puerta? Hemos sido todos...castigados...bueno jefe ha sido Jacob... Ruben saliendo del armario...
Hoy el I.E.S. Número Dos tiene artrosis. Se cae y no tiene ni diez años. Será que no pudo soportar el peso de nuestra partida. Será que siempre quisimos volar de él y ahora su recuerdo planea a menudo sobre nosotros. El IES está enfermo y si cae habrán otros IES y no importará... al menos oficialmente no importará... los que ahora somos veteranos sentiremos que algo que nos perteneció se esfuma para siempre... será el fín de las utopías. El lugar donde aprendimos a llorar y a reir, a fugarse las clases y a chapar... y a tantas tantas cosas...ese lugar no puede irse. Los ordenadores a los que pusimos entre todos los cables, los paneles de corcho, las probetas que se rompían muy facilmente. Las mesas de laboratorio que arrastré mano a mano con el Cuerno (ahora en prisión preventiva) no pueden irsé de ahi. Nosotoros levantamos ese instituto y el nos levantó la inocencia. Cúantos lunes de resaca vivimos entre bostezos...cuantos recreos mendigando bocadillos...cuanta pena si el Número dos muere. El Numero dos está enfermo....tiene artrosis en el alma

Pequeño boceto (aun por revisar)


PRISIONEROS DEL TIEMPO
Prisioneros del tiempo, arena y cuarzo,
tiempos de farra, resaca y cupido.
Hoy tu vajas en un extraño tren,
yo soy el maquinista del olvido
Juntos cabalgamos jóvenes noches
ébrios de musas, vasos compartidos,
ahora saciados de inocencia
olvidamos los retos prohibidos.
(To be continued)

Historia del Hermético Impar (I) Primer capítulo.


A cada trago se sentía más obtuso, un hermético en busca de amores furtivos. Había pactado con su sombra la soledad del rincón de una barra. Sabía que aquel día era muy distante, y también distinto, de lo que fue su última despedida. Ahora ella había vuelto a los bares y el se soñaba con la luna. Sonaba en aquel antro “No woman (,) no cry”, pero, ¿Quién puede vivir sin mujeres? Él tampoco. Derrota tras derrota una noche más. Bob Marley se empeñaba en entristecerle, “I remeber…” se alargaba en sus oídos como el aullido de un tren que se escapa ante tus narices.

Una máquina de tabaco custodiaba la puerta. Ya no conservaba su capacidad de mezclarse. Para los perdedores la noche no es lo bastante oscura. A veces en algún momento siempre le asalta la duda del “¿y si?” Pero pronto llega la certeza del “nunca”. El amor no se fabricó para solitarios. No queda ya lugar para los impares, incluso la jodida máquina recibe más visitas.

Ebrio dejó a un lado el taburete que ocupaba y salió a recorrer las calles. Volvió donde siempre volvía. Allí donde siempre tocaba fondo. Aquella vieja cabina le había ofrecido dolor a cambio de quince céntimos el minuto. Cada fin de semana volvía a descolgar el auricular y borracho palpaba los números hasta acertar la fatal combinación. El teléfono daba tono, primero uno, luego dos y tres hasta llegar un cuarto pitido. Arrepentido colgó el auricular y se sentó en un banco. Rompió a llorar, triste y como siempre solo. Mucha fue la gente que pasó por delante. Nadie quiso o supo preguntar…el dolor de la nostalgia es mejor pasarlo solo, de lo contrario se convierte en un sueño evocador y despertar de ese sueño es acercarse cada día un poco más a la muerte.