martes, julio 20, 2010

El calor no amortigua el paso del tiempo y, mientras una mano le acerca un vaso, el vaivén del último recuerdo se mece en la sinapsis del olvido. El castañeo artificial de sus dientes suena una y otra vez contra el vidrio. Ese sonido, que ahora sólo se apaga cuando logra dar hasta el último trago a un líquido rancio, mezcla de agua y medicina, antes le producía dentera. Aunque inmune a toda burla, su presencia es ridícula. Las manos que antes agarraban oportunidades ya no abrazan utopías. La última, la de sanar de una enfermedad que ha ido perdiendo letras, pereció anoche. Acurrucada en algún lugar del cerebro perdió el apetito hasta morir de inanición. Poco sabrá de su otra muerte. Una enfermera limpia con una servilleta el rastro de saliva que escapa por sus comisuras. Las horas pasan ya sin ningún sentido, anoche quebraron todas las manecillas. Y Dios, dónde está ahora, se atrevió a dudar en el último momento.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No creo q haya nada ridículo en esa imagen,no es ridículo, es digno de ternura y afecto es para que la cuiden ahora a ella, no veo nada de ridículo.

Anónimo dijo...

perdóname por el comntario anterior xq está totalmnt fuera de lugar, no tiene nada q ver cntigo ni cn loq escribes s un problema mío xq tngo retraso

Uqbar dijo...

No hay nada que perdonar, para eso está el texto. Una vez se publica, ya no es de Uqbar, es del que lo lee. Aquí hay libertad, cada uno puede decir, pensar y hacer lo que le plazca. Srta o sr. Anónimo.
Un abrazo.