jueves, abril 28, 2011

Al salir del hospital
he encallado en el silencio
como un húerfano más de la muchedumbre
aturdido por el píar de los semáforos
y la intermitencia estúpida de Madrid

A veces soy como el viejo
que mira de reojo el encierro
porque aunque sus piernas maltrechas
ya no afinan la carrera en el empedrado

lleva tiempo forjando la idea
de una última carrera en la que dejarse coger.

Desde hoy me he encadenado al prospecto
de una incertidumbre con recetas
en la que el peor efecto secundario
es saber que mi corazón es una bala perdida
que ya no alcanzará a tocarte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya era hora... :)