Tumbada frente al mar
tu mirada se nutre
de pequeñas decepciones
y de sutiles alegrías.
Para que cicatrice tu rutina
juegas con el horizonte
y te dejas ir con las olas
hasta que tu piel se arruga
en torno a ese baile de pliegues
crecido en la yema de tus dedos.
Sacudes la toalla y la tarde
y la noche emerge entre la arena
después, en el coche
mientras vuelves a casa
y el salitre te escama la espalda
escuchas la música de siempre
y nuestro mundo vuelve a girar.
miércoles, febrero 04, 2009
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2 comentarios:
sin palabras...
Precioso
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