domingo, mayo 24, 2009

Zu ihr

"Nuna lausche unsren hochesängenvon neuem der Gespriesnen Ohr!
Es tön in frohbelebten Klängendas Lied aus jeder Brust hervor"
Richard Wagner

Yo acompañe a Tannhäuser
en su regeso a Venusberg
y antes de perder su rastro
me habló de sus pecados.

Tannhäuser había olvidado el dolor
su voz ya no era aquel chorro viril,
sólo entonces encontró la soledad
y sintió la necesidad de redimirse.

Le costó tanto descender aquel monte
que ahora su vuelta era un duro castigo,
que a cada paso dinamitaba su conciencia.

Su fé bien ameritaba otro final
su valentía merecía con justicia el perdón
sin embargo el mundo envidiando su pasado
le había condenado a regresar a los brazos
de una diosa ahora despechada.

Cuando cubiertos de harapos
divisamos el cortejo de Venus
un peregrino que regesaba de Roma
me tomó por el brazo y me detuvo.
Me habló del milagro del bastón reverdecido,
el sentenciador había sido sentenciado.

Corrí entonces a buscar a Tannhäuser,
para comunicarle de mi boca el fallo divino,
ya sólo pude encontrarle expirando.
el caballero había aceptado su última afrenta.

Cuando vimos llegar el vernáculo cubierto de flores
algo brotó también en nuestra mirada.
Desde entonces todos los peregrinos buscamos
y tal vez algún día encontremos
una Elisabeth que nos aguarda
y que nos apartará del camino.

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