domingo, octubre 17, 2010

2- Café Expresso

El surco de las primeras bicicletas dibuja las calles
la mañana sigue escondida tras una niebla prematura
y sólo se intuye la vida en el ruido de algún motor
que arranca al tercer intento.

Munich se nos desaparrama en la mirada
mientras lo veo alejarse calle arriba
comprendo que todos tenemos derecho a remontar el río
aunque al desovar las intenciones mueran nuestros sueños.

Con las prisas ha olvidado sus cosas
pero hacia donde él va no va a necesitar abrigo.
Tengo la certeza de que no volverá
y aun así no dejo que nadie ocupe su asiento.
Pido en la barra otro asqueroso café alemán
y recuerdo una de esas tardes contigo
en las que yo también sabía llorar.

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