sábado, octubre 15, 2005

Diarío de un exilio (no forzado) CAP I

CAPÍTULO UNO
(ENCUENTROS)

Madrid aquella tarde se me antojaba más grande
tal vez fuese yo el que menguaba en esta urbe
vecino de otra parte, habitante de otros sueños
abrí la puerta del caos una tarde de octubre.
A medias, en una habitación siempre a medias
donde otros tantos como yo dejaron sus huellas
veía pasar rapados adoradores de Krisna
en una noche que recuerdo sin estrellas.
Lloré lágrima a lágrima mis impulsos
maldije mi nombre y mis desatinos
Madrid tenía entonces dirección en San Bernardo
una vida y un codigo postal distintos.
Como un Sancho Panza sin sorpresas
como un Quijote que perdió la añoraza
cabalgué sobre una losa de piedra
en un banco de la Plaza de España.
Entre ardillas, estatuas y municipales
caí en que todo debía de cambiar
me moje las ganas en la lluvia
y los malos ratos empezaron a bostezar.
Madrid! enseñame lo que otros han amado
yo también te quiero vivir
que lo que te han escrito otros poetas
yo también lo quiero describir.

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