miércoles, febrero 07, 2007

Huecos de espíritu

La añoranza que se le toma a cuatro paredes. Absurda y necesaria, si ya olvidamos palabras como patria porque aun mencionamos mi habitación, mi clase, mi cama... tal vez las sábanas cobijen más anhelos que un puñado de tierra seca esparcido por un mapa.
Lorenzo, no tiene país pero no soporta manos ajenas sobre su almohada. Gustavo podría pasar por ciudadano de cualquier parte pero tiene el pasaporte impreso en su guitarra. O Jere, liando con una mano lo que gana con la otra, hijo del barrio, y sólo de su barrio, su calle, su gente,... Hay de los que no tienen el ancla echada pero no olvidan su mar, manso y sereno, tejiendo hilos de espuma sobre la arena.
Cada cual guarda su recuerdo, ese lugar que observar con ojos cerrados. Quizás debieramos tener apego a una lengua, un himno, una frontera y una bandera venerada. Pero tal vez por locos se nos justifica y tan sólo nos identificamos con una calle, un beso, un mar o una montaña. Sin tener más pretensión que un rincón del mundo frente a la eternidad de nuestra mirada.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Alguien dijo una vez ..." la patria es un verso,no se extraña un pais, se extraña una calle,un barrio,un amigo".Tenia toda la razon,esas cosas se echan en falta a 400 kilometros y a 4 calles,nadie pertence a ningun sitio. A ti se te se te añora en cada caña,en cada borrachera,muchos te esperan...

shoemaker

jorge dijo...

"La nostalgia es fruto de aquella calle,aquella plaza, aquel rincón en el que redescubrimos o rematamos, una vez más, nuestra inocencia"

gErT dijo...

Gustavo podría pasar por ciudadano de cualquier parte pero tiene el pasaporte impreso en su guitarra...y un asiento siempre vacío a su lado, esperándote...

Por cierto, la frase de arriba es de la película Martín Hache (será que todo es causal?)