miércoles, marzo 22, 2006

EL DESERTOR DEL VOLKHOV (I)




Esta es la historia de mi guión de cine, modificada tan solo en algunos aspectos de la narración para hacerla absequible al blog.
Marcos Hernández era un joven valenciano. Es moreno y corpulento, aunque no demasiado alto. Tiene una cara con facciones marcadas aunque a la vez alegre. Está encuadrado como voluntario en la 250 división alemana, la División Azul, concretamente en el 262 regimiento de infantería.
Su padre está preso en la cárcel de Valencia. Le acusan de pertencer al Partido Comunista. Tal vez si su hijo hace méritos en el frente ruso conseguirá librarle de la pena de muerte que pesa sobre él.
Marcos era por tanto un voluntario en una guerra que no le pertenecía. El frío y la responsabilidad le atormentaban. En el margen occidental del Río Volkhov se agolpaban españoles, alemanes y letones. Estaban helados y esperaban que en cualquier momento el ataque empezase desde el otro margen del río.
Eso no se hizo esperar y el 12 de octubre los rusos empezaron a cruzar el río. Lo hacían en avalancha unos detrás de otros. Muchos pisaban los cadáveres de sus compañeros para avanzar. Los españoles aguantaron la primera envestida victoriosos. Llegó el momento de ìnsepeccionar el campo de batalla y contar las bajas.
Marcos se encuentra junto a un Sargento. Es un tipo rechoncho un poco más bajo y cejas pobladas. Es conocido como el Sargento Saéz. Junto a ellos en el suelo un jóven ruso se retuerce de dolor. Está mal herido y necesita ayuda.

MARCOS
Sargento, habrá que llevarlo al servicio médico. No han sido muchos los que han quedado, le haremos prisionero.

SARGENTO
¿Prisionero? Te voy a enseñar que se hace con gente como ésta en la guerra.

Saca la pistola que lleva bajo del tres cuartos y sus ojos brillan.

MARCOS
Espere, no creo que deba darle el tiro de gracia. Aun puede moverse, llevémosle al
269, allí podrán sanarlo, Nos vendrá bien para cavar trincheras.

SARGENTO
¿Sabes creo que tal vez deberías hacerlo tu? Nunca has estado en un frente. Allí en el Ebro no era muy distinto. Mátalo
Marcos se queda inmóvil. No consigue apartar la vista del arma. El sargento rie. Se gira y dispara dos veces. Una sobre la pierna del ruso y la otra sobre el vientre. Enciende un cigarrillo lentamente y respira el humo. Después hace un gesto de despedida a Marcos y se va, éste murmura algo entre dientes y cierra los ojos.

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