sábado, mayo 20, 2006


Volví a perder la orientación al mezclara con wisky y no supe encontrar el Sol al amanecer. Otra madrugada arrastrando mis zapatos por una parada de bus. Una vez más, con los ojos encrístalados por el alcohol, perdiendo altura. Retumbó el sonido de parada solicitada en mi cabeza, y dibuje una ese entre la gente antes de bajar.


Entonces yo también amanecí, y mis pasos solo eran huellas. Hace tiempo que llevo un rumbo equivocado y caminó al revés del mundo. La gente decente se levantaba y yo allí escurriendo mi cuerpo entre la puerta. Tras el primer café renuncié por unos minutos a la vida. Desistí al rato, justo al comprobar que el tiempo discurre sin atrasos.


Tome una ducha y sin querer dormité cuando el agua me daba en la nuca. Entre el vapor y el sueño tuve la sensación de estar próximo la tranquilidad. Pero toda tranquilidad se desvaneció al cortarse el agua caliente. Un amigo me enseñó que no importa el tamaño de una moneda, ésta siempre tiene dos caras. Otra vez cruz, mierda. Si al menos, como los dados, tuviera seis, sacar un uno no sería tan fácil.


Amanezco frente al espejo, no soy de esa clase de personas que disfuta con su reflejo. Segundo café. Mis pasos vuelven a ser solo huellas camino de una rutina decadente. El metro se cierra en mis narices. La mala suerte solo es señal de que sigo vivo. Al menos tengo suerte de ser pesimista, esto ya estaba en mis planes. Nadie dijo que el azar fuera fácil.

2 comentarios:

jorge dijo...

Esconde tu azhar bajo esos ojos cristalinos, desenvuelve tu mirada por vagones de metro sin domesticar. Dibuja gente que entra y sale, gente como tu, como yo, como el whisky que da la bienvenida al sol una vez "ocasado" el ocaso.

gErT dijo...

hay veces incluso, que las monedas (dá igual su tamaño) caen de canto, y eso sí que es azar puro.
Hasta el día en que el canto sea la tercera opción, yo seguiré con mis quinielas: 1 x 2, al menos así si fallo diré que no es tan fácil acertar.