lunes, septiembre 25, 2006

Sanando (Mi enfermedad) Ciclo Calamaro


-Esta la perdemos- y le daba patadas por debajo de la mesa. El tiró un as de copas y se fueron a casa contentos de haberla perdido. La baraja no estaba marcada y la ventana estaba abierta. Jugaron hasta hacerse daño. Se amaron y se odiaron sin poder olvidarse el uno al otro.
Macedonia a la hora del postre, besos con espinas. Los domingos las tardes eran muy cortas y los miercóles, único día de la semana que sólo se veían una hora en clase, muy muy largos. El jugador suplente que se aburre en el banquillo envidiaba los cinco minutos que sus miradas se cruzaban por las mañanas.
Una carta arrugada y sudorosa, siempre a escondidas, tendido en la cama. Buscando el doble sentido de las palabras, las frases secretas que sólo los dos conocían. La Luna y el señor X se amaban sin saberlo, los dos seudónimos desde donde se idealizaban eran en realidad ellos con otros trajes y otros años.
Ahora, que cada esquina tiene su nombre, enferman los recuerdos y se retuercen al son de canciones de un disco que él le grabó. Cada pareja tiene su fin, pero ellos nunca fueron par, sino las dos partes de uno mismo. Tal vez algún día, quien sabe...el pecado es un rico caprichoso

2 comentarios:

Anónimo dijo...

aun recuerdo la clase de inglés, tu escribias en mi agenda de mafalda tus ultimos versos...de pronto todo se paró se hizo el silencio inundado de ruidos ajenos a nosotros...y entonces me lo dijiste y ese fue uno de esos momentos que cuando los estas viviendo sabes q los recordaras siempre...

Idiomalicantino dijo...

El señor X se ha enamorado de la Luna que en Aspe brilla más que en Madrid, porque el suave y diáfano cielo Alicantino le permite lucirse con todos sus atributos. Pero en la capital puede que encuentre un astro real caminando por cualquier calle, mierando culquier cuadro, escuchando cualquier tema...