martes, marzo 25, 2008

Llueve sobre La Habana. Las olas golpean con fuerza pero sin furia el Malecón. Los cubanos no utilizan paraguas y el agua les salpica directamente en el tacto de sus ruinas. La lluvia es efímera pero en La Habana todo parece estar al borde del derrumbe. Sobre las calles hay casas que se apuntalan sólo por la convicción de sus habitantes. El agua aplaca el polvo y la vida vuelve a discurrir de nuevo.

2 comentarios:

pebbels dijo...

porque la vida pasa, pase lo que pase, y en La Habana da gusto dejarla pasar...
esta bien probar nuevos horizontes mecidos por otros mares eh??
un beso para mi poeta

Enredada dijo...

la vida discurre... antes y después de la lluvia, lo importante es notar que eso pasa y durante... salir sin paraguas y mojarse en libertad... en la Habana