jueves, enero 08, 2009

He llegado a la ciudad y las calles ya estaban frías. La mañana estaba por terminarse antes de empezar a calentar siquiera el día en las baldosas y los niños celebraban con sumisa alegría el regreso a un patio gélido donde se amontonaba el griterío. El precio del pescado asciende del mar a las nubes y yo he vuelto a pisar el asfalto cuando se escondían tras las persianas los ojos que no quieren mirar a la calle para así poder imaginar que todavía pasas tú por su portal. En estos días, anochece prematuramente sobre las avenidas y el soplo de viento arrecia en las rendijas de las ventanas que avivan las pesadillas con su quejío grave. Antes, por la mañana, el tren se retrasó y me dió tiempo a pensar, en voz baja, como se piensa en los trayectos de ida y vuelta. Estoy sentado en la primera piedra de una nueva casa que está por construir. Aquí, un papel en blanco hace las veces de plano de obra. Puedo sentir la silueta del futuro resplandecer tras las esquinas, agazapadas en el calendario, flotando en las agendas. Esta vez no vuelvo, sólo llego. Ayer nacía un niño, hoy crece un hombre.

3 comentarios:

Nayuribe dijo...

...y ese hombre ha decidido forjar su nueva vida...
Me gusta lo que escribes, un abrazo.

Lucía Sicre dijo...

Etapa de cambios por lo que veo... Con lo bien que escribes no creo que tengas problema ninguno ;)

chimita dijo...

¿Cómo que esta vez no vuelvo, sólo llego? ¿Por qué me da tanta pena esa frase?