domingo, noviembre 30, 2008

Ya no le divierte tanto alistarse a esas batallas en las que no se pierde nada. Es viernes y tiene casi la certeza de que va a encontrarse con otros labios antes de que el sol germine con sus rayos un nuevo sábado. Y sin embargo, cuando mañana despierte, a salvo su orgullo, no se sentirá complacido con esa habilidad innata para el deseo furtivo. Por eso, fantasea como sueña un boxeador retirado con un intercambio de golpes que le devuelva a las portadas. Él también tiene su ring y quiere su guerra para pelear por un amor que le acaricie la espalda sin la incomodidad que deja en el colchón la despedida fría del sexo esporádico. Todavía no lo sabe, pero llegará una mujer para disputarle en su propio terreno el título mundial. Aceptará el envite y saldrá con una sonrisa al cuadrilátero. Para cuando el puño del amor le atice en cara, no le importará perder por ko en el primer asalto. Tras levantarse, exhibirá orgulloso el color morado de su derrota y cuando nadie le mire, en silencio, besará las manos que le hayan despertado del letargo con un golpe seco en el pecho.

1 comentario:

Purple Haze dijo...

QUizás todos deberíamos aceptar esos duelos. Pero cuidado, hay golpes que es mejor no recibir, ya que, cual masoquista, pueden engancharte. LA poca experciencia que me da mi corta edad me dice eso: es bonito, lo más bonito, recibir esos golpes. Pero igual que una droga de efecto retardado, sus consecuencias se sienten mucho mas tarde. Un saludo.
Algún dia nos volveremos a ver