jueves, enero 10, 2008

En el cajón

Desde mi ventana veo el mar y desde que el viento no sopla el agua descansa tranquila. Me costó aprender que lo que más perjudica en el tabaco es el carmín. Pero cómo iba a saberlo si de todas las adicciones que he tenido tu siempre fuiste la más real. Ahora ahorro en tinta lo que antes malgastaba en cabinas. Y tu estás en la otra orilla. Desde allí no se ve mi casa, enjaulada en un gris recuerdo que alivia ovlidar.

Y perdido frente al horizonte negro de las noches sin luna me siento a contemplar el camino por dónde te fuiste. Yo no era consciente y te busqué, sin terner conciencia de que cuanto más quería tocarte más te alejaba de mi cuerpo. Ahora ya no persigo la raya de nostalgia que tu partida dejó en el agua, sólo cuando en agosto las estrellas llueven pido, alguna vez , que el tacto de tu pelo no descanse nunca más en mi regazo para cuando te marches pueda dormir con su ausencia.

Por lo demás, han vuelto han salir aquellas flores que tanto te gustaban. Ni tu adiós ni el veneno del vecino pudieron con ellas. Han arreglado el semáforo donde un coche te arrancó la falda. Nos han subido los impuestos y he encontrado un trabajo que me permite tener tiempo libre para hacer lo que quiero, aunque todavía no he decidido que quiero. He dejado como siempre la llave bajo el felpudo por si alguna vez vuelves a por tus cosas.

P.D. A dónde te mando esto...

1 comentario:

chimita dijo...

Me gusta. Yo no soy muy poética y no entiendo mucho estos textos tan profundos. Pero la sensación que me ha dado es de una despedida triste, pero no amarga. Dejas claro que el tiempo sigue, y que todo vuelve a su cauce... y además no hay rencor en tus palabras.
Quizá me equivoque, kizá si k estaban llenas de rabia... no soy muy sutil... pero de verdad me gusta. Besos