viernes, septiembre 26, 2008

El otoño salpica contra el suelo. El techo gris de la ciudad paladea su asco y escupe contra la calle. Las nubes tiene en su puño un puñado de razones para otro diluvio universal. Ya no hay dios que por dios pase. Abro la nevera, me hago un café. Tararea una fulana la canción para despedidas de quien no espera adioses. Baja por el asfalto una rambla de papeles de plata y mientras se abre en el cielo el capote nublado de la mañana, dejo caer en el agua un barco de papel. Voy a bajar al portal a fumarme las ganas o voy a arrimar el hombro contra la cama. Sale el sol y a mi me da pereza caminar sin traspies por el hilo de tender de algún escote. Busco en el armario una camiseta raída que ya no existe. Tarjeta roja al recuerdo, la encuentro echa trapos en la cocina. Para eso hemos quedado. 12:06, al segundo cartero comercial le va a abrir la puerta su puta madre. Me lamo la piel donde antes hubo heridas. Vieja costumbre. Esta noche, mientras el pueblo elegido consuma por gramos su maná, vamos a bebernos las palabras que ya no nos hacen falta. Se filtra el mediodía en los cables de la luz. Cuando el sol decodifica las calles,amanece mi canción. La suerte es una puta pero yo hoy voy a echar una cana al aire.

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