lunes, septiembre 08, 2008

En paz

Todavía con las legañas del recuerdo instaladas en el cristal de la mañana se dijo, "menuda mierda". Desnudo, delante del espejo en el que por fín había aprendido a respetarse, todo sentimiento le parecía un exceso de peso que no estaba dispuesto a facturar. A veces los sueños nos traicionan y lo hacen sólo por el placer de que les temamos. Por eso él despertó desconcertado a la sombra de un sueño con ojeras. Por la noche, al compás de su respiración entrecortada, las imágenes de una mujer a la que ya no amaba le habían asaltado la almohada. La noche es una zorra carpichosa que inventan excusas para que perdonemos nuestros instintos. En otro tiempo, el recuerdo de una sola silueta femenina le hubiera arrastrado hasta el fondo del abismo marino de la nostálgia. Ahora, aquel recuerdo era una prueba más de que ya no temía a la soledad, de que ya era un apóstata en la religión de los desengaños. Se duchó y el mal sabor de la noche anterior se coló por el sumidero. Una vez en calma, silbó por la escalera y pensó "que bueno es no deberme nada".

2 comentarios:

Enredada dijo...

Es placentero do debersenada... pero las noche siguen siendo zorras, y nos llaman...
besos

superpulgueta dijo...

Desengañado hasta del desengaño, al fin y al cabo hoy en día ni las malas rachas duran eternamente, y eso está bien, pero que muy bien.