viernes, junio 30, 2006

Guantanamera

Ella es una Rosa Blanca que todas las noches de 2 a 6 trabaja la calle. Un malentendido le cambió de latitudes, viajó del Caribe al Mediterráneo. Vino de la mano de su amor y terminó acostada en la cama equivocada. Perdió la inocencia en una farmacia de guardia y el predictor dijo sí... Su chulo la llama Cuba.

Malvive de pensión junto a su hija. De vez en cuando el chulo les visita para darles su parte del "negocio". Sus madrugadas de asfalto al límite de una falda de plástico sólo valen un 25% de lo trabajado. A cambio tiene que aguantar personajes de toda clase y condición. Hombres que trafican sentimientos, niños que empiezan a afeitarse y le prometen que la sacarán de la calle, taxistas que no le pagan sus servicios, concejales que ocultan su cara tras un antifaz (la otra cara del imperio), hasta su chulo se pasa por la avenida del puerto de vez en cuando.

Cuba, la jóven Rosa Blanca, llora y no sólo por la falta de dinero. Hace tiempo que observa a Martín, un estudiante que vive en su misma pensión. Es cariñoso, amable, limpio y cuida de la pequeña cuando su madre no puede. Ella piensa que él no sabe lo suyo, que todavía cree que trabaja limpiando oficinas de noche, sin embargo él todas las noches cuando la pequeña duerme se acerca al puerto para estar cerca de su amor.

El jamás ha querido decirle nada o no ha podido, sin embargo tiene un plan: ha encontrado trabajo en un taller gracias a un amigo. Hace meses que ya no va a la universidad y ha ahorrado lo suficiente para poder alquilar un piso regularmente. El único problema es el chulo, que tiene a Cuba como su mejor opción de prosperar. Aunque eso ya no es problema, tras mucho pensar Martín ha pagado a unos matones para que lo amedrenten.

Así, esa noche, se pone guapo y arranca su viejo Citröen para dirigirse al puerto. Con voz ronca le pide que monte al coche. Al entrar, ella se asusta pero Martín le tiende una rosa blanca y le besa. Tras contarle sus planes los dos se abrazan. No saben cuanto durará su história, pero antes de que salga el sol se mudan a un modesto piso en el barrio de San Blas. Ese piso dónde tantas noches Martín y Rosa Blanca han brindado con mojito por la libertad de Cuba.

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