martes, mayo 27, 2008

XLI

Mis instintos asesinos se acunaban
en las sombras de tu tacto caliente,
y ellos te mantenían despierta
en el ojo de nuestro huracán.
No era un buen lugar para pensar
así que te abandonaste a mi espalda
como se agarran los náufragos
a la única tabla que puede salvarles.
Cuando el viento comenzó a despeinarnos
te despertaste de mi amor salvaje.
y tu y yo, nosotros,
fuimos ya sólo un perdiódico
que traía las noticias de ayer.
Te vi abandonar mis labios
y te juraste que sería para siempre
Quise edificar enseguida mi orgullo
y mostrame al mundo como un tipo fuerte
pero por ahora reconocer todos mis miedos
es la única forma que tengo de ser valiente.

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