A veces nuestro cuerpo
no puede cargar
con todas las palabras
que el tiempo nos regala.
El alma, generosa,
se hace cargo de la empresa
y paga sin desplantes
el coste del traslado.
Alguien debería explicarle
que cuanto más peso asuma
más pesado se le hará
el viaje de vuelta
y posando sus ojos
en el horizonte del regreso
cada letra se le clavará
como un libro de poemas
que no hemos escrito
que no hemos leído
pero que nos pertenece
como le pertenecen a los domingos
nuestras horas muertas.
lunes, mayo 19, 2008
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2 comentarios:
hola amigo!
creo que es eso, o que el cuerpo carga las palabras pero las deja dentro hasta casi explotar...
mil besos
Precioso poema del interior de cualquier cariátide.
Un saludo.
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