En el tendedero tus bragas,
como una solemne bandera dorándose al sol.
Agita un viento suave
el símbolo de nuestro nacionalismo más ínitimo.
Y yo, que no entiendo de patrias,
ni de manos extranjeras,
te aviso antes de que sea tarde
de que ni mi guerrilla de caricias
ni mi ejército sublevado de deseos
creen en las fronteras.
miércoles, mayo 28, 2008
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