jueves, julio 17, 2008

Día uno

Aquellas noches no necesitábamos salir de cuatro paredes gastadas y pintadas con gotelé. Nuestros cuerpos eran un mundo en sí mismo. Cada pliegue de tu piel un ecosistema fértil, cada matiz de tus ojos un paisaje marino en el que zambullir las ganas. Recuerdo que buscabas las señas de identidad que están dispersas en mi cuerpo y que yo me divertía contando estrellas en tu constelación de lunares. Después de derribar el muro del pudor nos aislamos del exterior tras montañas de ropa. Tentamos lo prohibido para terminar sudando el placer de reconocernos en mitad de la oscuridad entrecortada de las persianas. Antes de que silbaran tus besos en mis oídos yo no creía en el milagro de la atracción. Me sentía a veces como un cuerpo sin alma y otras como un alma sin forma. Recuperé mi condición de hombre. Pude vencer un olvido. Puedo vencer un recuerdo.

3 comentarios:

Cariátides dijo...

Me alegra leerte de nuevo, aunque hables de oscuridades...

Un abrazo amigo.

Enredada dijo...

vencer un recuerdo...
que fuerza enorme amigo...
mil besos

Nayuribe dijo...

Me gustan mucho todas las metáforas de éste post, me parece interesante...