martes, julio 01, 2008

LVIII

El amor entre nosotros resiste
porque le empuja la inercia
que tienen los últimos días.
Por lo demás, es sereno
como un reo condenado a muerte
y aunque yo no creo
en la pena capital
estoy dispuesto a confesar
todos mis crímenes:
a la sombra de tus labios
rasgué una noche
mis vestiduras y tu ropa interior,
el muro que ahora nos separa
se caerá cuando el frío del norte
te peine las ganas.
Todo aquí será escombros
pero utilizaré mi último aliento
para maldecir tus besos
y odiar el mañana.

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