lunes, julio 07, 2008

LXI

Detesto al amor y a sus profetas,
detesto ese rincón oscuro
que guardan las canciones
que merecen la pena
para resumir mis fracasos.
Detesto que me evites
como el mar evita la arena,
la toca y vuelve con la resaca
a la inmensidad del anónimato
Sin embargo, el salitre ya está
enraizado a la espalda.
Soy consciente de que tal vez
para evitar que se marchite tu otro jardín
habrá que cortar del tallo nuestra flor
pero seguirá oliendo en mi cabeza
como huele el amor
como olían nuestras sábanas
como huele a ti
la camiseta que ahora llevo
y que lavaste en tu casa.

2 comentarios:

bernard n. shull dijo...

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Enredada dijo...

dolor por amor.... terrible y aguntioso poema...
hermoso