martes, noviembre 28, 2006

Ángeles

No se dió cuenta de que iba en el mismo autobus hasta que estaba a punto de bajarse del 132. La miró y vió un pelo liso en el que le hubiese gustado sumergir la mano. Aquellos ojos podían dejar en ridículo el color de cualquier mar. Se había levantado casi al mismo tiempo que él, así que decidió esperar disimulando cerca de un kiosko para poder ver como pasaba por delante, pero ella se fue por otra calle y sólo pudo verla de espaldas. Aquella parte de atrás podía por sí sola hacer girar dos veces más rápido cualquier planeta del universo. Se enamoró durante tres minutos, después tuvo que esquivar una motocicleta en un paso de peatones y el susto dejo atrás el recuerdo de un amor fugaz.

4 comentarios:

Idiomalicantino dijo...

Los amores fugaces son, a veces, los mejores...

e_n_o dijo...

y q pasa si vuelves a coincidir con tu amor fugaz? si te lo encuentras uno y otro y otro día sentado delante de ti en el autobus o en la biblioteca? q pasa si tu amor fugaz deja de ser fugaz?

e_n_o dijo...

ah!
y si fueras una palabra, que palabra serías? es un juego nuevo... me gustaria saber tu opinión...

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Los desconcidos en los autobuses nos dan una mala perspectiva. Nos hacen creer que van en nuestra misma dirección pero no es cierto porque, como el amor, nos confunde.