miércoles, abril 30, 2008

XXIX Celos.

Se habían visto
mirarse
cada uno desde su nido,
cobijarse bajo las alas
para espiarse a lo lejos.
Una mañana
uno de los dos
venció el miedo
y se dieron la mano
para volar
como dos gorriones
hasta un banco
lleno de pan.
Durante un tiempo
la abundancia
entrelazaba sus bocas
en un mismo bocado
y así comieron
sin preocuparse
de los demás,
pero cuando
sólo quedó
una miga
ella se la llevó
al pico
y él enojado
se echó a volar.
Mientras dejaba
dos mitades de pan
sobre el suelo,
ella, nunca acertó
a descubrir por qué
se alejaba.

1 comentario:

Cariátides dijo...

Piensa el ladrón que todos son de su misma condición. Las proyecciones nos hacen mucho daño. Me gustan tus poemas.

Un saludo.