sábado, junio 14, 2008

A veces los trayectos más largos necesitan de vagones de paso. Un viaje de larga distancia requiere montarse en trenes de pequeño recorrido que unan un punto con otro. Son necesarios para avanzar. Sin embargo, aunque pueden parecer más incómodos, la mitad de las veces esos trenes desvencijados son los que nos descubren las maravillas del viaje.
Y qué.
Nadie le va a preguntar a ese tren que siente cuando los pasajeros se montan en él. La mayoría de veces el pasajero se apiada del estado de los asientos o de la falta de luminosidad. Pero el tren está ahí, dispuesto a hacer su recorrido, sin quejas, disupesto a ser utilizado por cuántos necesiten de sus servicios. Claro que cada vez le cuesta más remontar la misma vertiente de la montaña de desengaños. Cada vez le cuesta más abrir sus puertas. Cada nuevo trayecto deteriora un poco más la sala de máquinas.

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