lunes, octubre 02, 2006

Sed de tango


Suena, degarrada, la voz de un hombre elegante. Un tango camina entre los vasos vacíos, pero llenos de recuerdos. En este bar, no hay lugar para más que uno, o para muchos unos a la vez. Aun no ha llegado el momento y todos saben que tendrán que volver.
Siglo XX, o era XXI, que más da, el tiempo es lo único que pasa en este bar, aunque de vez en cuando las paredes aflojan el peso y un tango menos nostálgico aligera las dentaduras de los solitario.
No es justo que el amor se pague con olvido, pero la justicia tiene una venda en los ojos y como el amor es ciego jamás se llegaron a conocer. Sólo supieron el uno del otro de oídas, pero el amor también es sordo, porque no hay más sordo que el que no quiere oir.

Reza el cartel de la entrada: En este bar sólo hay sitio para los impares...

1 comentario:

eno dijo...

"sólo supieron el uno del otro de oídas", pero ¿te puedes enamorar de oídas?, esto me recuerda cierta historia de cierto fotolog...:

Jaufrè Rudel, principe de Blaia, fue un hombre muy gentin y un gran trovador. Se enamoró de la Condesa de Trípoli sin ni si quiera verla, solo por lo bien que oía hablar a los peregrinos venidos de Antioquía. Sobre esta dama compuso multitud de canciones con bellas melodías y palabras sencillas; y sus ganas de verla le llevaron a hacerse caballero de las cruzadas pero una vez hubo embarcado camino a Trípoli enfermó y murió, llevándole sus compañeros a un hostal de esta ciudad. Cuando la condesa conoció estos acontecimientos se encaminó al hostal de Trípoli. A Jaufrè, mientras estaba en los brazos de la dama a la que tanto amaba y no conocía, Dios le concedió de nuevo y por unos instantes el oido y la respiración. Instantes más tarde murió en sus brazos agradeciendo a Dios poder haber visto a su amada. Aquel mismo día la condesa se hizo monja no pudiendo soportar más el dolor por la muerte de Jaufré.